Día de las “ánimas”
Leyendo un libro de Mitología vasca, al
encontrarme con el culto a los difuntos he recordado toda la parafernalia que
se organizaba, en mi casa, en mi pueblo, en torno al dos de noviembre.
Dejando un poco al lado las tradiciones
cristianas que luego veremos, cuenta la leyenda que entre el 31 de octubre y el
2 de noviembre, los difuntos regresan a visitar a sus seres queridos y estos se
encargan de recibirlos y de homenajearlos de diferentes maneras, en cada región
y país.
Empiezo, como he dicho, por
mi familia, lo más próximo. Proliferaba
el encendido de “mariposas”, unas piececitas redondas de cartón y corcho con
una pequeña mecha, que se colocaban en un recipiente con agua y aceite y se
encendían en honor y para alivio de las” ánimas” que se suponía estaban en el
purgatorio y había que ayudarles a salir de él.
La verdad es que esta costumbre de las
mariposas mi madre la mantuvo muchos años, incluso sin ser dos de noviembre,
con la intención de, ahora pedir la ayuda de las “animas benditas”. Tanto es así,
que poco antes de morir casi prende fuego a la casa con las dichosas lucecitas.
Volvemos a la fecha que nos ocupa. Otro
requisito era oír tres misas seguidas. ¡Ahí es nada! Si éramos niñas, niños,
daba igual. A partir de los seis años, en que hacíamos la primera comunión,
teníamos que cumplir con todos los mandatos de la Santa Madre Iglesia. Aún en
los años de la Facultad, que creo recordar el día dos ya no era festivo, me
tocaba, pienso que no solo a mí, oír las tres misas casi de noche para llegar a
tiempo a clase.
Otra curiosidad. Había que hacer, arreglar,
las camas muy temprano pues podría ser que al alma de algunos de nuestros
antepasados se le antojara bajar, (¿por qué bajar? No lo sé) a echar un
sueñecito en ellas. Es fácil imaginar el día que pasábamos los niños, sin
atrevernos a entrar en los dormitorios.
En los tiempos que corren, imagino que esas
tradiciones ya no las mantiene casi nadie. Puede ser que, en los pueblos más
escondidos, o alguna persona muy mayor o tradicional las siga.
Otra costumbre, y esta sí sigue bastante
arraigada, es la de visitar el cementerio. Ya el día antes, el de Todos los
Santos, es costumbre ir al cementerio, limpiar las lápidas, llevar flores… ¡Un
negocio para las tiendas de flores! (Este año con la pandemia se ha torcido todo) Cuando
yo era niña, se iba también en plan de paseo y de consumir castañas y cosas por
el estilo.
También, se organizaban mercadillos callejeros en
la capital y muchos pueblos, en los que se vendían, además de las flores,
productos gastronómicos típicos de estas fechas, como arrope y calabazate, carne de membrillo, pan de higo, huesos de
santo y frutos secos. Hablo en
pasado porque últimamente no soy dada a recorrer las calles buscando estas
cosas. Es posible que aún pudiera encontrar algo. Me dicen unas amigas muy
cultas y marchosas que tengo, que sí. Creo que este año lo comprobaré. Aunque
no sé si será el momento más adecuado, por la situación COVID 19 que estamos viviendo.
Pues, no lo he buscado.
Para no
quedarme solo en la madre patria he pensado revisar como se celebran, o tal vez
celebraban, estos días en otros lugares.
Por ejemplo, en Cádiz, leo que hacen un carnaval en el que disfrazan
gallinas, conejos, pescados y cerdos. (el día uno)
En Galicia, se celebraba el Samhain (una celebración que proviene de los celtas)
mucho antes de que el Halloween existiera y en la misma fecha. Se trata del fin
de la temporada de cosecha, lo que daba comienzo a un nuevo año celta. Para
ellos, durante la noche de Samhain el límite entre el mundo de los vivos y los
muertos desaparece y por tradición se debía decorar la casa de forma grotesca
para espantar a los malos espíritus o disfrazarse con pieles y cabezas de
animales para pasar desapercibido. Actualmente muchas aldeas gallegas celebran
en esa fecha el “magosto”, que es una reunión
entre amigos y familiares donde se asan castañas y se cuentan historias junto
al fuego.
Leo, además, que debido al arraigo celta, los gallegos han tenido siempre algunas costumbres de Halloween: se visten de seres mágicos para confundirse con ellos (ya que la víspera
del Día de los Difuntos corren a placer), piden dulces de casa en casa, y
tallan calabazas en forma de cara para ahuyentar y despistar a los espíritus.
También hacen marchas, representando a la Santa Compaña, una procesión de muertos o ánimas en pena que vagan por la noche errantes por
los caminos en busca de las almas de los que han fallecido.
Se puede observar la diferencia con la
costumbre cristiana que era, más bien, de acogida.
Vamos ahora a Cataluña donde lo más representativo que se hace en el día de los difuntos, muy conocido
en todo el país, es la “Castanyada”, disfrutando de unas deliciosas castañas asadas para honrar a los
muertos.
Celebran al mismo tiempo, la llegada del otoño. esta costumbre se relaciona con
personajes como los “campaners”, personajes que, para cargarse de
energía, se atiborraban de castañas y dulces pues luego tenían que tocar las
campanas de la iglesia durante toda la noche y así rememorar a sus seres
queridos que habían partido al otro mundo.
Está claro que Las almas de los muertos no quedan olvidadas en ninguna
parte. En Begíjar (Jaén), entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre, los jóvenes salen con cazuelas de gachas a la calle para tapar con ellas las cerraduras de las casas e impedir la entrada a los malos espíritus. En los
hogares iluminan el camino a las ánimas de los difuntos con mariposas de aceite
en las ventanas, y pasan la noche comiendo sus tradicionales tortillas con
chocolate.
En
Alicante, se ponen velas en las ventanas desde el 28 de octubre para indicar la
ruta a las almas de los muertos.
En el norte de Córdoba también se hace,
y se ameniza la "vigilia" con gachas de leche.
En
Canarias se hace de otra forma. El 2 de noviembre celebran Los Finaos ("finados", difuntos). Las
familias se reúnen y cuentan historias de los parientes fallecidos mientras
comparten piñones, nueces, castañas y almendras acompañadas de vino dulce, anís
y ron miel. En algunos pueblos hay una "finada" popular en la que se
toca música por las calles y cuyo momento culminante es el Baile de los Finaos.
Quizá las celebraciones más curiosas se den en Zamora. Las Cofradías de
las Ánimas organizan procesiones el 1 de noviembre por los cementerios locales, acompañándose de velas para guiar a los
muertos y rezando el rosario.
En Tajueco (Soria) se celebra el Ritual de las Ánimas: una procesión encabezada por el sacerdote en la que marchan dos grupos, casados y solteros, quienes van coreando
las estrofas del cántico a las ánimas. Al finalizar, se toca la campanilla y se
reparten pastelillos y vino. El toque de muertos de las campanas acompaña al
vecindario durante todo el proceso.
También en Soria, como
era de esperar, se celebra esta noche con la obra “El monte de las
Ánimas”. Se reproduce la lectura de la leyenda de Gustavo Adolfo Bécquer
con títeres, monjes templarios, esqueletos y otros espectros.
Esta
costumbre se celebra, sobre todo, en las localidades de Éibar, Ermua o Soraluze
(Guipúzcoa). Antiguamente esta festividad estaba reservada a los hombres, sin
embargo, con el paso del tiempo ha ido evolucionando y hoy puede participar
todo el mundo.
Además
de estas, otras de principios del
siglo XX como las canciones al enterrador de Mutriku o la costumbre de vaciar
calabazas y asustar a la gente
Antes
de acabar, he querido acercarme a otros países.
En Guatemala, el día de los muertos Cada año se reúnen para lanzar al cielo barriletes (cometas)
gigantes y muy coloridos, creyendo que ayudan a guiar las almas de sus seres
queridos. Al terminar, queman los barriletes para que los muertos no queden
presos en este mundo o atormentando a los que aún viven aquí.
En Haití, el dos de noviembre, día de todas las
almas o Fest Gede, la gente sale a la calle
vestida de rojo y negro, los colores de los espíritus, y van al cementerio, en
donde vierten café o ron al pie de las cruces con pan, cacahuate o maíz como
ofrenda.
Si algo ha quedado claro es que los humanos lo
celebramos todo comiendo. Repasemos: La comida española para estas fechas es,
eso sí, bastante calórica.: huesos de santo, buñuelos de viento y panellets son lo más tradicional. Pero también se pueden degustar rosquillas de anís y patatas asadas en Salamanca; arrop y tallaets en Alicante (trozos de calabaza
bañados en sirope de mosto de uva muy dulce);borrachillos en Andalucía (roscos trenzados); rosaris en Mallorca (rosarios hechos de caramelos y
azúcar); pestiños en Jaén o migas de niño en Castilla-La Mancha. Arrope y calabazate , carne de membrillo, pan de higo, huesos de
santo y frutos secos, gachas (riquísimas, dicho sea de paso) en Murcia. Los
panellets en Cataluña.
No
obstante, hay manjares de estos que ya se consumen en toda España, algunos
incluso fuera de temporada.
Alguna
tradición cuenta que las puertas del cielo se abren la noche del 31 de octubre
para que los espíritus de los niños se reúnan con sus familias; luego, el día
dos de noviembre serán los espíritus de los adultos los que hagan otro tanto. Parece,
según esta tradición, que no se trata de almas en pena que necesitan ayuda sino
de espíritus que desean visitar a sus vivos
Sea cual fuere el origen de esta costumbre, lo cierto es que el Día de los Muertos, estos se despiertan de su sueño eterno y acuden a compartir la vida con los seres queridos que se quedaron en este mundo.
La iglesia
católica celebra esta festividad desde el dos de noviembre del año 998.El encendido de luces, puede tener
un valor simbólico: la encarnación física de la oración por el que ha partido a
la vida eterna
Tal vez ninguna o casi de estas
tradiciones esté ya en vigor, pero es curioso recordarlas.
Magnífica recopilación de costumbres referidas al día de difuntos. Pero como el mundo es muy grande tienes que seguir investigando, concretamente en Méjico, que también son muy originales.
ResponderEliminarDe mi infancia recuerdo las mariposas de aceite, las tres misas seguidas y los pestiños. También a mí me ha llamado la atención que todo se celebra comiendo, como los entierros en algunos países.