Abro este blog con la intención de mantener un ameno diálogo con todo aquel que se acerque a él. Creo que lo más bonito de las relaciones humanas es esa comunicación que consiste en un intercambio de emociones, conocimientos, ideas….Esa comunicación que enriquece el espíritu.

"La relevancia de la comunicación humana, pues del contacto verbal surge un intercambio que aminora el dolor, palía la soledad y estimula el contento de vivir” Carmen Martí Gaite

jueves, 23 de mayo de 2013

Ciudades y literatura.


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     No hace mucho tiempo, leí o escuché hablar a alguien de las ciudades Frankestein. Desde entonces, como tengo el vicio de pensar, estoy  dando vueltas al asunto y queriendo escribir algo, no exactamente sobre estas ciudades en particular, sino acerca de las ciudades y la literatura.
   Sabido es que toda narración  requiere un espacio en el que deben desarrollarse los hechos relatados. Este espacio, con cierta frecuencia es una ciudad.
   La profesora Asunción Rallo Gruss nos habla de ciudades reales e imaginadas y dice:
La ciudad literaria debe tener referentes reales pero también asumir escenarios que configuren su identidad espacial y temporal, correspondientes a los personajes y a la trama.” Considera ciudades como el Madrid de “Fortunata y Jacinta” o la Venecia de “La isla inaudita” no son menos literarias por aparecer en toda su verdad realista que las imaginadas, dado que aparecen con nombres ficticios, como Vetusta de “La Regenta”
Qué cierto ¿No? Cuando leemos una novela de estas ubicadas en ciudades, queremos y creemos ver en cada momento esa ciudad auténtica, real en la que nos está sumergiendo. Si la conocemos, intentamos situarnos junto a los personajes en los lugares por los que nos llevan; y si no, puede ocurrir, y de hecho ocurre,que al visitar esas ciudades buscamos el referente que nos dejó la novela.
   Porque ¿quién que haya leído a Galdós cuando pasea por Madrid no va identificando esta calle con aquella en la que vivió Jacinta, ese pobre a la puerta de una iglesia con Benigna, Etc?  Y si pasamos por “el callejón del gato” ¿no recordaremos a Valle-Inclán o mejor a Max Estrella y D. Latino?

Plaza Mayor de Madrid

   Si hemos leído a Mendoza buscaremos por Barcelona los escenarios por los que se mueven Javier Miranda o cualquiera de los otros personajes mendocianos; incluso en los canales venecianos querremos adivinar por cual de aquellos embarcaderos o por cual que aquellas misteriosas puertas empezó sus misteriosas andanzas el protagonista de “La isla inaudita”


Venecia

   Continúa hablando Asunción Rallo  de cómo “en esos escenarios se manifiesta la dependencia de los que los habitan sin que esto tenga que ver con su valor ficticio.” En estas ciudades, ficticias o no, se hacen palpables todos los elementos de la ciudad y sus habitantes; tanto en el aspecto físico como en la vida privada de los personajes.
   “Dos caras, como algunas personas, tiene la parroquia de San Sebastián…., mejor será decir la iglesia…, dos caras que seguramente son más graciosas que bonitas: con la una mira a los barrios bajos, enfilándolos por la calle de Cañizares; con la otra al señorío mercantil de la plaza del Ángel. Habréis notado en ambos rostros una fealdad risueña del más puro Madrid….” Así empieza “Misericordia” de Galdós.
 
    De estos comentarios se deduce, tal vez, por qué en estas novelas de las que hablamos, no suele darse la descripción detallada de monumentos, por ejemplo, sino detalles, pinceladas, de los rincones, plazas, bares, y otros lugares frecuentados por los personajes e incluso, como ocurre en las novelas de Galdós, el interior de las casas que tanto dice de sus habitantes.
       
   “Estas ciudades imaginadas responden a la época y son reales en cuanto que    recuerdan la ciudad vivida por el  novelista. …..No son meros escenarios, son creaciones en las que se puede descubrir la localidad natal o la habitada……por el novelista”  comenta la profesora Rallo Gruss y cita como ejemplos el París de Balzac, la Praga de Kafka, entre otros. Nosotros tendríamos que hablar del Madrid de Galdós, de Valle-Inclán, Oviedo de Clarín y la Barcelona de Mendoza, entre otros muchos.



Praga.Calle del Castillo en donde vivió Kafka

     Pero dejémonos de preámbulos a vamos a los ejemplos concretos, a mis autores. Una cosa es, pienso yo, situar una acción en un pequeño pueblo, en la aldea, que en la ciudad. Y tampoco es lo mismo hacerlo en una ciudad pequeña, pongo por caso Orihuela y Oviedo, incluso Murcia que en una gran urbe tipo Madrid, Londres o Barcelona.
   Con frecuencia, cuando el autor escoge para su historia una ciudad pequeña, se ve obligado a ocultar el verdadero nombre de ella; sin embargo en el otro caso, puede permitirse la verdad.
   Hay que tener en cuenta la razón que lleva al novelista a elegir la ciudad. En ella conviven todas las clases sociales, variedad de culturas, personas con múltiples y diferentes problemas. El escritor quiere contar la vida de esa sociedad variopinta, múltiple; quiere hacer una disección de esa sociedad, una crítica. Y esto es lo que vemos en las novelas de Galdós, Clarín, Gabriel Miró, Eduardo Mendoza, Cela….
   “creo que las ciudades se han convertido en las grandes protagonistas de nuestras vidas. La misma historia personal no puede vivirse igual en Londres que en Nueva York, Barcelona, Roma, París o Sevilla. La ciudad es hoy el protagonista colectivo".  Comenta E. Mendoza, en una entrevista.
   Y así hay escritores que, al relatar hechos y hablar de personajes que pueden ser reconocidos, dan a la ciudad un nombre falso que, no obstante guarda cierta relación con ésta. Puede ser el nombre antiguo que tuvo la mencionada ciudad, o el de algún elemento geográfico próximo, o alusivo a cierto carácter de ella. Es el caso de Orihuela en las novelas de Gabriel Miró. Una Oleza en la que, a pesar de todo, es fácil reconocer la identidad de una sociedad decimonónica.
   Un ejemplo que nos descubre su situación geográfica
:" De mañana y de tarde, a la misma hora, venía por el azul el silbo del tren de Oleza en seguida el estrépito del puente de hierro. Aquel ámbito de jácenas y tirantes roblonados parecía estrujarse vaciándose de un temblor encendido que se descalfaba en las aguas dulces del Segral
(Obsérvese la cercanía de Segral a Segura), y después el silencio tan liso……..contemplando ese tren, y no lo miraba cuando partía de Oleza para entrar en la comarca de Murcia………miraba el tren que de Oleza iba dejando la vega por los saladares, el que llegaba al mar y a las estaciones de enlace, principio de las líneas poderosas de ferrocarriles, los fuertes brazos que abrían las puertas del mundo lejano….”         
   Es fácil comprobar la situación geográfica de Oleza-Orihuela, así como la necesidad de aquella sociedad de abrirse al mundo. Si nos remontamos un poquito a la historia de la ciudad comprobamos que el  nombre elegido por el autor guarda cierta similitud con los nombres clásicos de ella. Para los romanos era Orcellis; de ahí que a sus habitantes se les suela llamar orcelitanos. Pero también contamos con el nombre valenciano Oriola derivado de oriol, nombre del ave que es símbolo y figura en el escudo de la ciudad. Cuando se atiende a este nombre, a los habitantes se les llama oriolanos.

      Y ¿Qué decir de la Vetusta de Clarín en “La Regenta”?  En este caso, se ha convertido el adjetivo vetusto/a (extremadamente viejo y/o anticuado) en nombre propio para designar una ciudad cuyas gentes viven encerradas en sus usos y costumbres casi ancestrales.  Aún hoy son reconocibles rincones de la ciudad de los que se nombran en la novela. Sin olvidar la catedral.
Un ejemplo de cómo se describe Vetusta-Oviedo en la novela de Clarín: 
Alrededor de la catedral  se extendía, en estrecha zona, el primitivo recinto de Vetusta. Comprendía lo que se llamaba el barrio de la Encimada, y dominaba todo el pueblo que se había ido estirando por Noroeste y por Sudeste. Desde la torre se veía, en algunos patios y jardines de casas viejas y ruinosas, restos de la antigua muralla, convertidos en terrados o paredes medianeras, entre huertos y corrales. La Encimada era el barrio noble y el barrio pobre de Vetusta…..El buen vetustense era de la Encimada. Algunos fatuos estimaban en mucho la propiedad de una casa, por miserable que fuera,, en la parte alta de la ciudad, a la sombra de la catedral…..” 
   Ya en estas líneas se vislumbra el tono de crítica social, que llevaría al autor a inventar un nombre.Y, como comentaba más arriba, cuando uno se acerca a Oviedo, digan lo que digan los ovetenses, está viendo Vetusta. Y al contemplar la torre de su Catedral, no puede por menos que rememorar aquella imagen de Vetusta que ,desde ella (la torre) tenía el Magistral.
   Por esto mismo me ha parecido oportuno agregar aquí algunas autorizadas opiniones sobre este tema en relación con “La Regenta” según las cuales vemos que, incluso hay quien no acepta de buen grado que Vetusta sea Oviedo.
La Regenta debería llevar por título Vetusta, al ser la ciudad el verdadero protagonista” Albert Brent.
“Vetusta es el principio básico de la unidad estructural de la novela” Frank Durand
“La urbe capitalina de Galdós y la provinciana de Clarín son dos partes de un todo en la España de la Restauración……..Vetusta no es solo Oviedo, sino España entera en los tiempos de Cánovas” Tuñón de Lara.
Oviedo perdió su nombre aquel día de aquel año en que Clarín la llamó Vetusta….” 
M. Fernández Avelló
“La culpa de todo esto la tuvo Clarín…Desde que a mi pariente se le ocurrió la idea de construir la imaginaria Vetusta, a imagen y semejanza de Oviedo, nuestra realidad se ha visto muy mermada por causa de la literatura y todas las referencias que manejamos están estrechamente relacionadas con la dichosa novela…….En cualquier caso la ciudad ha acabado por parecerse a la novela de tanto mirarse en ese espejo…….” 
Juan Cueto Alas
“¿Vetusta es Oviedo? ¡De ninguna manera! ¿Qué ovetense, qué asturiano se atrevería a reconocerlo?.....Los ovetenses de hoy, al conmemorar el centenario de la obra de arte clariniana, deben esforzarse en aclarar rotundamente esto: Vetusta no es Oviedo.” 
J. Evaristo Casariego

   Creo, pues, que estos comentarios dan idea de la importancia que puede tener detenernos en estudiar este asunto de las ciudades en relación con la literatura.

     Continuemos. También Oviedo, ahora bajo el nombre de Pilares, y su plaza de Fontán fueron inmortalizadas por Pérez de Ayala en su novela “Tigre Juan”: “Un ruedo de casas corcovadas, caducas, seniles. Vencidas ya de la edad, buscan una apoyatura sobre las columnas de los porches. La plaza es como una tertulia de viejas tullidas, que se apuntalan en sus muletas y hacen el corrillo de la maledicencia. En este corrillo de viejas chismosas se vierten todas las murmuraciones y cuentos de la ciudad. La plaza el mercado es el archivo histórico de Pilares”

   Otra ciudad que también vio su nombre ligeramente alterado sería Orense convertida por obra y gracia de Torrente Ballester,   en “Filomeno   a mi pesar”    en Villavieja del Oro. “Vivíamos la mitad del año en el pazo miñoto, la otra mitad en la casa de Villavieja….La casa de Villavieja los tenía(misterios)también, pero no tanto, o, al menos ,lo eran de otra manera….porque estaba en la ciudad, esquina a dos calles empedradas de losas que brillaban con la lluvia…..Me instalaron, bien instalado, en una habitación grande de la casa de Villavieja, con un balcón a  la calle de la fachada en que da el sol, justamente la opuesta a la que da al obispado…” 
Que la acción se desarrolla en Galicia es patente desde el primer momento por nombres de pazos, por frases de los personajes y por el ambiente lluvioso, entre otros. Eligió el autor un nombre de acuerdo con una de las posibilidades que da la historia. Ciudad de origen romano, parece que fue llamada Auriense (la ciudad del oro) por la abundancia de este metal que allí encontraron.

   Otra ciudad literaria con nombre propio encubierto bajo uno inventado  es La Mágina de “El jinete polaco” de A. Muñoz Molina, trasunto de Úbeda.
 “Veo encenderse una a una las luces de los miradores de Mágina bajo un cielo liso y violeta en el que todavía no es de noche……huelo a humo y a frío, humo de ascuas doradas y rojas…..” 
Luego se citan nombres de calles, plazas, iglesias: la Casa de la Torres, la calle del Pozo, la plaza de San Lorenzo, la plaza del Altozano...etc.


Úbeda. Paseando extramuros

   La profesora  Rallo Gruss incorpora esta ciudad a las de tipo metafórico:
En un grado metafórico distinto sus componentes dan nombre a un figurado lugar, la Región de Benet, Macondo de García Márquez, Comala de Rulfo, Mágina de Muñoz Molina.”
   No sé si tendríamos que incluir en este grupo “El espíritu áspero” de G. Hidalgo Bayal. La acción transcurre en la imaginaria  tierra de Murgaños, en la ciudad de Murania, en pueblos como Casas del Juglar, Múrida, Murganillos, y otros. Topónimos que tienen como modelo las comarcas del norte de Cáceres y que algún crítico ha relacionado con el Macondo de García Márquez.
   La ciudad que aparece bajo el nombre de  Murania, bien podría ser Cáceres. Pero es harto difícil extraer de esta complejísima novela un texto suficientemente significativo. La identificación con la capital cacereña se debe a pequeños detalles, nombres, lugares…que van apareciendo acá y acullá.
   Es fácil observar que  todas estas novelas encierran una, a veces dura y cruda, crítica social, circunstancia que justifica el ocultamiento del  nombre real de la ciudad en que se desarrolla la acción.
   
   Otras veces los escritores omiten el nombre de la ciudad pero aportan indicios para que la reconozcamos.
Por ejemplo en “El gran juego”, Letifica Sánchez  cita la estación de autobuses y un bar cerca de ella; también hay estación de ferrocarril pues Ulises habla de tomar un tren y marcharse a cualquier parte; hay puerto y cine: el Capitol.  ".. En el casco antiguo de la ciudad las calles eran estrechas, subían y bajaban formando una especie de laberinto". Es esta frase un índico del tipo de ciudad. Hay indianos, lo que hace pensar en Asturias pero ¿dónde? Creo recordar haber leído en alguna parte que en Oviedo hay o había una calle de Luna. Hay Universidad. Si unimos universidad, estación de autobuses, de tren y puerto con la descripción arriba recogida, nos inclinamos por pensar en Gijón.

   Pasemos al caso contrario. El autor nos sitúa en una ciudad concreta, “con nombre y apellidos”. Podría ser el caso de San Sebastián en “Tiempos lentos”
A pesar del tema y el tono crítico, incluso con alusiones directas a  ETA,el autor juega con la posibilidad de cambiar los nombres de los personajes para evitar herir susceptibilidades pero conserva todos los nombres que hacen referencia a los lugares de la acción. Están perfectamente localizados los espacios de la ciudad: el Antiguo, barrio de Ibaeta, bar Artola, San Sebastián, el barrio de Gros, cárcel de Ondarreta, calle de Hernani, el mercado de San Martín, el Bulevar, barrio de Igara, la Catedral del buen Pastor, la villa de los Marichalar, el puerto, los jardines de Alderdi Eder, la plaza de Guipúzcoa, Rentería, Pasajes…. No hay lugar a dudas.


Donosti-San Sebastián. Puerto

     Por otro lado autores hay que convierten la ciudad prácticamente en protagonista    de su obra y por tanto no le cambian el nombre. Ahí está el Madrid de Galdós, de Cela, de Valle Inclán.
La Barcelona de Mendoza (también hace una incursión por Venecia y por Madrid), o la Barcelona medieval de “La Catedral del mar” de Ildefonso Falcones; o la más actual de.”La sombra del viento” de Ruíz Zafón



Barcelona. Mercado de San José.

    No siempre la acción de una novela ocurre en una sola ciudad. Como ocurre en “El espíritu áspero” en que se nos lleva a recorrer casi toda la comarca, hay novelas que nos pasean por diferentes ciudades y países. Es el caso, por ejemplo de “El jardín olvidado” de Kate Morton en la que de la mano de sus protagonistas vamos de Australia a Inglaterra, de y viceversa. Y en cada uno de los países recorreremos diferentes localidades por ejemplo  Cornualles, Londres, y Maryborough, Brisbane en Australia.

   Así podríamos continuar hasta el infinito, casi.

   Para terminar podríamos hablar de las citadas al principio “ciudades Frankestein”. Como su nombre indica están hechas de retazos de varias ciudades. El autor toma de aquí y de allá lo que le gusta o le es útil. Es el caso de la ciudad en la que se desarrolla “La Celestina”. Unos dicen que Salamanca, otros que Toledo, incluso hay quien piensa que Sevilla. Quizá lo que ocurre es que tiene elementos de una y otra, sobre todo Toledo y Salamanca. Yo siempre me he inclinado por Salamanca y no solo porque allí nos encontremos con el huerto de Melibea: es el ambiente estudiantil, incluso ese poquito de brujería que casi profesa Celestina, hay torres en muchas casas y una pudo ser la de Melibea, hay tenerías. Claro que tenerías había en todas las ciudades que tenían un río, etc. Sin ir más lejos, en La Puebla de Montalbán en Toledo hay una torre que pretenden sea la de Melibea.  
   
   Este último caso se da con harta frecuencia en el cine en donde, aunque nos estén hablando de un lugar concreto y preciso, luego sabemos a través de los créditos, si no lo hemos deducido porque conocemos los lugares, que se rodó en mil sitios diferentes que respondían de manera aproximada a los espacios que guion y director necesitaban.
            
   Como colofón un comentario de interés recogido de un texto de Pere   Sunyer Martín que relaciona la evolución de las ciudades con su importante presencia en la Literatura, sobre todo, a partir de las corrientes literarias  del siglo XIX.”Realismo “y “Naturalismo”: 
La ciudad convertida en motor económico y político fue revalorizada de nuevo en los medios artísticos como motivo de inspiración especialmente en la pintura y en la literatura. La literatura europea se hizo eco de las transformaciones que estaban afectando a sus ciudades, incorporando entre sus temas todo aquello relacionado con lo urbano, en su sentido lato, ya como escenario en donde se mueven los personajes, ya la propia vida cotidiana de sus habitantes, o los conflictos sociales que en ella aparecían. “
   
   No quiero acabar sin hacer constar que no pretendo con estas líneas sentar cátedra ni establecer una tesis. Son solo el resultado de ciertas reflexiones a las que me lleva el intento de no olvidar que un día estudié bastante y aprendí algo, no tanto como me hubiera gustado, y ahora que puedo dedico algo de mi tiempo de jubilada a recordar, repasar, releer
   
   Por hoy, lo dejamos aquí. Espero vuestros comentarios ya que, como indico en la presentación del blog, creo que lo más bonito de las relaciones humanas es esa comunicación que consiste en un intercambio de emociones, conocimientos, ideas….Esa comunicación que enriquece el espíritu.


domingo, 12 de mayo de 2013

París no vale una……..



   “Fuera llovía y yo sin paraguas” Ni falta. Yo jamás usé ese trasto  muy a pesar de mi madre. Bueno, a pesar de mi madre eso y otras muchas cosas como estar aquí y en esta situación. ¿Quién estará equivocada ella o yo? O más bien ellos, la sociedad toda. Después de todo, mi madre no me come el coco aunque pienso que con su gana se queda.
Pero hoy me preocupa mi guitarra. La lío en el chubasquero de los campamentos y salgo
¿Mais, ou va tu?  
(¡Donde me dé la gana, maldita monja. ! ) −Au métro pour chanter et me gagner la supe.
_ ¡Mais non!
_ Mais oui !
   Llego al metro y canto durante  toda la mañana….. aquello de “no llores por mí ,Argentina”, “Al alba” y otras canciones protesta. Y volví.
Esa noche tuve cena.
   A la mañana siguiente me despedí.
_ ¡Ah, Tu as trouvez de travaille?
_ No, pero me voy. Non, mais je m`an ve.
_ ¿ Ou ?
−¿A ti qué te importa? A Suiza. A la Suiza. A ver si allí la gente es más humana aunque sea menos cristiana.
Yo no sé si la monja me entendía cuando hablaba en castellano y soltando mis habituales tacos pero ponía cara de espanto. La dejé con su asombro quizá musitando una oración por la salvación de mi alma y salí, como dicen, jurando en arameo o sea refunfuñando en el más bajo, como diría mi madre, castellano infra coloquial. Mi vida iba a dar un giro de muchos grados.

Tarde de lluvia en primavera

 Espero,como siempre, vuestros interesantes comentarios. 

viernes, 3 de mayo de 2013

Puentes II. “Puentes de Madrid”

Esta vez sí fui, ex profeso, en busca de los puentes. Podría decir que me disfracé de Robert Kincaid y anduve, anduve, durante cinco horas, por la ribera del Manzanares, zona denominada “Madrid Río” fotografiando sus puentes.

   Iba guiada por una múltiple curiosidad. Por un lado conocer el famoso literariamente, puente de Segovia; por otro, esos nuevos puentes que he visto varias veces en anuncios publicitarios y noticias que por su originalidad llamaban poderosamente mi atención.

   
   Después de visitar la exposición temporal del Thyssen sobre pintura impresionista, tomamos el metro y lo dejamos en la estación Príncipe Pío. (Otro día hablaré de estaciones que también son un buen objeto de deseo fotográfico). Al salir de la estación nos damos de bruces con la Puerta el Rey. De ahí ya derechitos a los puentes.
   
   Por primera providencia damos con el Puente del Rey, construido en 1816 por orden del Rey Fernando VII. Se entiende fácilmente el origen de su nombre.
Carece de ornamentación salvo, si consideramos como tal ,unos medallones situados por debajo de la línea de imposta en la vertical de los tajamares. También llama la atención en estos, una especie de sombreritos que los rematan. Tienen forma cónica en  la cara meridional y piramidal en la contraria. En las fotografía se aprecian ambos detalles.


Puente del Rey

   Siguiendo el curso del río, llegamos al Puente de Segovia. Es este un monumento  renacentista obra  de Juan de Herrera. Es el puente sobreviviente más antiguo de Madrid. Fue ordenado construir por Felipe II. Consta de nueva ojos y sus pilares, igual que en el del Rey, están custodiados por tajamares con sus cónicos sombreritos. Es fácil comprobar que el arco central es de mayor anchura que los laterales que van disminuyendo de tamaño progresivamente.
Se le conocía antiguamente como Puente Segoviana y lo inmortalizó D. Luis de Góngora en unos versos satíricos que hoy, gracias a las presas que se han ido haciendo a lo largo del río , no se entenderían. Decían asía:

“Señora doña puente segoviana,
Cuyos ojos están llorando arena,
Si es por el río, muy enhorabuena,
Aunque  estáis para viuda muy galana.”


Puente de Segovia


    Aunque no es el que sigue, lo traigo aquí por su similitud y cercanía en el tiempo con los dos anteriores. Es el Puente de Toledo. Fue construido entre los años 1718 y 32 y es de estilo barroco (churrigueresco). Aparece decorado por dos hornacinas, una con la imagen de San Isidro y otra con la de Santa María de la Cabeza.
En el momento de mi expedición fotográfica a este podrían aplicarse los versos de Góngora con más propiedad que al de Segovia.


Puente de Toledo


Orto aspecto del puente con las hornacinas

   Volvamos atrás. A continuación del Puente de Segovia, encontramos el llamado Puente Oblicuo. El nombre le viene de su configuración oblicua. Constituyó una de las primeras intervenciones urbanísticas del proyecto “Madrid Río”. Viéndolo se deduce que su construcción se debe a criterios estrictamente funcionales, prácticos.


Puente oblicuo

            Otro original y magnífico puente,el llamado "Verde" o "Y" ,por su color y forma


Interior de uno de los o brazos del puente

Imagen que nos da idea de su forma


Otra perspectiva del magnífico puente

    Llegamos, por fin, a uno de esos nuevos y artísticos puentes que adornan esta zona, además de servir como todos para unir las dos riberas del río. Es el llamado Puente Monumental de Arganzuela. También Del Tirabuzón o de Perrault, en honor a su constructor.
Tiene la forma de un doble y gran tirabuzón hecho con una malla metálica que transforma la pasarela según el momento del día. En su interior, está cruzado longitudinalmente por una serie de farolas de forma caprichosa. De noche debe ser un espectáculo digno de ver. Pero no era cosa de hacer noche allí, y , además, mis pies pedían ya un descanso.


Vista panorámica del puente

Aspecto interior del puente

   Por último, los Puentes Gemelos, causantes también de mi obsesión por realizar esta excursión de puente  en puente. Fueron inaugurados en los años 2010-11.

Interior de uno de los puentes

Otro aspecto de la decoración interior de los puentes

Tienen, como se puede ver, forma de barca invertida y, aparte esto, los caracteriza la decoración de su interior.

Los dos puentes vistos en perspectiva

Y con esto acabo. Espero que quien lo vea disfrute como yo lo hice un día del mes de abril, paseando por Madrid y su entorno.




viernes, 26 de abril de 2013

"Paraíso inhabitado". Novela de Ana Maria Matute



   Una niña nacida en un momento en que ya no se la esperaba, con una hermana bastante mayor con la que difícilmente podrá relacionarse, casi olvidada por todos los miembros de la familia menos del servicio, se crea su propio mundo de fantasía. Como  cualquier niño, mucho más en sus circunstancias.
   Cuando empieza a ir al colegio las cosas se complican, no se adapta, no la aceptan.
Durante una enfermedad que la retiene mucho tiempo en casa, aparece en su vida un amigo real, aunque como ella un poco especial. Esta amistad, llevada a escondidas con la complicidad de las tatas durará hasta que el niño muera víctima de un extraña enfermedad.
  
    Vuelve Ana Mª Matute, con esta novelita, al tema, tan querido por ella y abundante en sus cuentos, de la infancia.
   En más de una ocasión ha dicho: "Hay quienes no se quieren acordar de su infancia…."  "…..La infancia es un mundo total y cerrado. Es decir, el niño no es un proyecto del hombre que será, sino que el hombre es lo que queda, si es que queda algo, de aquel niño, y, desde luego, no para mejorarlo…."
   El tema de la infancia y sus problemas le ha interesado, casi le ha obsesionado por eso también dice en alguna ocasión:"…Uno no puede separar aquello que le obsesiona y, por tanto, escribirá sobre ello, y como le preocupa será personal, porque uno está en sus libros…"

    Y efectivamente, en este libro también está ella.
   Unas veces será la niña que como ella:   "De niña, hablaba con las cosas…" o "Para mí el mundo se dividía en dos partes muy diferenciadas: yo y el resto, al que, como no me entendía, despreciaba olímpicamente…" y que en la novela dice: "Si no tenía acceso a sus vidas, ellos no lo tendrían a la mía. Y la mía era infinitamente mejor"… "Cosas como estas contribuían a aumentar día a día la distancia que me separaba del mundo de las personas mayores: Gigantes   lejanos, impredecibles y un poco ridículos" 

   Otras, será la tía Eduarda. De ella, de Ana Mª ,cuenta su sobrina: "A la tía todo le parecía bien….supongo que la tía debía de ser por aquel entonces eso que dicen de los artistas: bohemia y genial…." "…..Se pasaba horas en la terraza de su casa construyendo sus famosos pueblos, lámparas, o cualquier objeto que le interesase…En una ocasión se le metió en la cabeza que nos haría una casita para jugar"  
Así es la tía Eduarda en la novela. La que  lleva a la niña a merendar y le hace conocer a  unos personajes casi de cuento, la que le hace un regalo para su primera comunión distinto a lo que todos regalaban:"me llevó a una gran tienda de juguetes y me compró un teatrito de guiñol"."Eduarda me hablaba de igual a igual, no como me hablaba todo el mundo: de arriba abajo”

me compró un teatrito de guiñol"

   El ambiente familiar que nos presenta, así como la configuración física de la casa, es casi un reflejo de la que ella vivió de niña, una familia acomodada con sus tatas y sus cocineras...
   Por ejemplo, la autora ha comentado en una entrevista:"La verdad es que no se nos explicaba nada…" Algo de lo que también Adriana se queja en algún momento de la narración.
   O ese cuarto donde la castigan del que dice su sobrina Sapo Pareja Matute"….. en el famoso cuarto de los armarios, la habitación donde castigaban a mi tía y a sus hermanos de  pequeños….".A Adriana la castigan en el cuarto oscuro o de los armarios: " Apenas se cerró la puerta tras mi espalda, una oscuridad amable, podría decirse que protectora me rodeó. Allí nadie me reprocharía nada, allí nadie me preguntaría nada, allí yo estaba sola, deliciosamente sola…."
    Otro rasgo sugerente en lo que al mundo de los personajes se refiere es la figura de la madre. Reconoce la autora que pocas veces aparece su madre en sus obras. No obstante aquí podemos imaginarla retratada en la de Adriana. De su madre ha dicho: "En algunos aspectos mi madre tenía un carácter muy anglosajón: era imperdonable mostrar los sentimientos….." o "Mi madre era una castellana severa; el Cid y ella habrían hecho buenas migas…"  "La verdad es que durante mi infancia la sentí poco, fue como si en cierta manera no la hubiera tenido…"
   Veamos ahora como es la madre de Adriana."Mamá tenía entre los dedos un papel, y llevaba puestas las gafas, lo que le daba un aire aún más severo. …..aquí me cuentan que no te portas bien en el colegio. El primer día te dormiste en la misa y, además, lloraste……yo estaba orgullosa de ti, precisamente porque eres una niña que no llora sin motivo…" (Conviene señalar que la niña tiene cinco años)."Esta vez fue la misma mamá quien me llevó de la mano hasta el castigo. Tan solemne y poco corriente era"…"Mamá, o cuanto ella hacía o decía,…era siempre como una comedia recitada."
   Otros, bastantes, personajes  circulan por la obra con mayor o menor importancia y conforman el entorno social  en que se desenvuelve la protagonista. Son el padre, los amigos de Eduarda, las niñas y las profesoras del colegio, las tatas y los vecinos de arriba sobre todo el niño Gavrila.
   
   De sus personajes la autora  dice:"Los personajes no se buscan, se encuentran….los personajes nacen en mi interior y se desarrollan hasta tomar cuerpo y estructura  independientes."
   En los cuentos, apenas están descritos, más bien se retratan ellos mismos a través de sus actos, de sus palabras porque a la autora le interesan sobre todo   las interioridades del individuo. Y como cree más, dice la crítica especializada, en la eficacia de una prosa capaz de conmover, recurre una y otra vez a la creación de un clima emotivo y poético. El resultado puede alcanzar gran patetismo. Así también ocurre aquí. Del aspecto físico de  Adri, sabemos por pequeños detalles dichos por ella o algún otro   personaje que es una niña menudita, no demasiado guapa, lleva el pelo corto con flequillo como un niño, y poco más. Pero la vemos hacer, la oímos decir y la sentimos pensar, soñar, opinar: "El mundo a mi entorno era un mapa lleno de laberintos, que había que ir descifrando poco a poco y paso a paso…" Así es como la conocemos a lo largo de toda la novela. Claro que no podemos olvidar que lo que nos está llegando a través del relato son los recuerdos de una infancia ya lejana, aunque tal vez añorada.
   En cuanto a los otros personajes, algunos están definidos por algún rasgo particular: el olor a tostadas de tata María, los ojos azules como los del unicornio de Eduarda y los ojos también azules de Gavrila. Cabría recordar que los ojos le interesan poderosamente a la escritora. Y con frecuencia describe a sus personajes con ojos azules.
   No solo la protagonista, todos los personajes se dan a conocer de la misma manera. Algún detalle de carácter físico y, sobre todo sus acciones, sus palabras. En este sentido desempeñan una función importante los diálogos, a través de los cuales, además, conocemos el punto de vista, la perspectiva desde la que esos personajes ven el mundo que rodea a Adriana.

   Gran parte del mundo novelesco y cuentístico de Ana Mª Matute se halla  en este libro. Parece como si hubiera hecho una recapitulación, excepto en un detalle: La mayoría de sus obras se desarrollan en la España contemporánea a la autora: preguerra, guerra y posguerra. En esta, vuelve a esa época, pero a través de los recuerdos. Precisamente la novela acaba  cuando va a empezar la guerra.
   Decía que vuelve al mundo de sus cuentos. Aquellos cuyos protagonistas son niños a los que "el dolor, la soledad y la tristeza atenazan ". "niños, en efecto, solitarios, ensimismados, incomprendidos o voluntariamente alejados de los mayores; Criaturas que tienen su propio mundo, lleno de fantasías, prodigios y temores, impenetrable para los demás….La muerte ronda siempre a sus personajes……En el complejo mundo de los niños encontraremos tanto dramatismo como poesía, tanto tristeza como generosidad; la ingenua sinceridad de los inocentes, siempre amenazados por una realidad que les es ajena y que los atenaza con su garra implacable"
   Así es Adriana. Su hermana mayor no quiere compartir habitación con ella y entonces le asignan   " una habitación, no en la llamada parte noble de la casa, sino en la zona del cuarto de estudio, el de las Tatas, el de la plancha, la cocina…" O sea, la marginan; pero allí ella se siente más libre:"…allí donde yo me movía libremente y sin temor."
   Otro detalle nos habla de su soledad y tristeza:"Recuerdo ahora algo que entonces no sabía: yo, en mi primera infancia, además de no hablar no me reí nunca."
   Sigámosla ahora  en sus excursiones nocturnas al salón: "….No recuerdo exactamente cuando empecé a saltar de la cama y recorrer el mundo nocturno de la casa……..la casa despertaba precisamente entonces."  
   Su gusto por esconderse donde nadie la puede ver y así escudriñar la vida de los adultos "los gigantes"."Escondida  debajo de la mesa de la plancha, escuchaba sus conversaciones, a menudo tan misteriosas que, cuando hablaban del mundo y de la vida en general, me  despertaban innumerables preguntas, pero si se referían a mí resultaban muy claras." Así es como se entera, por ejemplo, de que había sido una niña no deseada.
   Sus visiones del unicornio "nunca supe por qué el unicornio había intentado escapar del cuadro"…vi cómo echaba a correr…Y desaparecía. ¿Volveré a ver al unicornio?.

Los unicornios nunca vuelven

     Y la amistad con ese niño, también solitario y triste que acaba por morir. Será este un personaje muy importante para el desarrollo de la narración. Lo conoce gracias a la enfermedad que la mantiene sin salir de casa, incluso de la habitación, durante un largo periodo de tiempo. El niño, algo mayor que ella también goza (quizá por su vida solitaria) de una gran imaginación. Es como ella un gran lector (otra vez asoma aquí el yo de la autora). Además, aunque esta amistad no le agrada a la madre, acabará cediendo al ver cómo lo necesita la niña. Para Adriana será un tremendo golpe la muerte de su amigo, el único que ha tenido.

   Esta historia le va a servir a la autora para, como es frecuente en ella, hacer una crítica de la sociedad española de la época. Lo vemos en el ambiente familiar que nos presenta; en los rasgos de algunos personajes: los padres, las amigas de la madre, las monjas del colegio, las otras niñas. Pero también a través de las perplejidades de Adriana ante algunos hechos. Así, leemos: " Los Pobres. Algo así como una tribu asentada al otro lado de las murallas, vagamente amenazadora, a la que había que aplacar de Navidad en Navidad con ropas usadas, latas de conservas y juguetes con los que ya nadie se divertía. A Los Pobres también pertenecían las niñas del otro lado del muro que separaba nuestros patios de recreo…." (De estas frases se desprende un tono irónico).O cuando intercala el detalle de que sus hermanos (los gemelos) murieron cada uno en una trinchera, enfrentados….

  Además de la observación del mundo circundante, las lecturas de su infancia son, indiscutiblemente la fuente donde bebió Ana Mª Matute el líquido elemento que conforma el total de su obra literaria. Esas lecturas aparecen recordadas, citadas en "Paraíso inhabitado". "Aquellos libros que tanta importancia tuvieron para mí" En la descripción del ambiente nocturno de la cocina hay una clarísima influencia de esos cuentos: " En la cocina también existía otro retazo del mundo que yo habitaba. Andersen me había dicho que las tazas, las teteras, los tenedores y hasta las sartenes tienen también su vida nocturna……"
   Es más, también nos transmite su sentimiento de amor a la lectura y necesidad de ella:"…me invadía otra oscuridad luminosa: aquella en la que me sumergía cuando iba adentrándome en las páginas de un libro….." Hay un momento en que Adriana se entera de que hay gente que no sabe leer y:"…eso para mí fue un gran asombro: había gente en el mundo que no sabía leer. ¡Qué desgraciados debían de sentirse!"
  
El narrador.
   En general, Matute,  suele optar por unas formas u otras de manera alternativa. En la obra que nos ocupa, ha optado por  la primera persona; tal vez la única posible puesto que recoge recuerdos de la infancia, una infancia que, como hemos visto, tiene bastante de la suya propia...
   El hecho de que  el narrador sea un niño, una niña en este caso, "hace que su mirada descubra la falta de sensatez de los adultos o penetre en las fantasías poéticas de la infancia…..interpretará las vicisitudes por que atraviesan las relaciones familiares con la ingenuidad propia de quien desconoce los disimulos, hipocresías, y formalidades de los mayores. "
   La narración, como en el resto de su obra, es ágil y fluida; contribuye a ello su preferencia por la descripción impresionista a la que ya he aludido. Algo parecido ocurre con los ambientes casi siempre sugeridos  con algunas pinceladas rápidas y gruesas. No obstante llama la atención el detalle con que se describen algunos espacios, lugares que a la niña le interesan o impresionan. Así:"…se trataba de un cuarto pequeño, con una ventana de cortinas azules y amarillas, y gruesos visillos blancos, con un casi invisible zurcido en una esquina, que había cosido tata María….""…al salón se llegaba cruzando el pasillo…..Se trataba de la más espaciosa de las habitaciones. Para mí entonces tan enorme como lo eran los muebles y todo cuanto allí se acumulaba….…..Olía de un modo especial distinto al resto de la casa….Del techo colgaban dos grandes lámparas, como árboles de cuyas ramas, en lugar de hojas nacían cristales…"  Varias páginas ocupa la descripción de este salón, descripción en la que se va fundiendo el mundo real con el imaginado por la niña.
Coincido con la opinión de Julián Moreiro cuando dice que" su obra siempre está tocada por el lirismo, la fantasía y la ternura". En realidad esta niña despierta en el lector gana de abrazarla, mimarla, tan desvalida y sola se la adivina.

   A pesar de que la historia cuenta un periodo de  la vida de Adriana, su infancia, desde que nace, y la narración se desarrolla en forma lineal siguiendo un orden cronológico, por la forma utilizada para el inicio de la novela casi podría decirse que empieza "in media res". Empieza de repente, con una frase que nos introduce, sin previo aviso, sin tiempo para conocer precedentes, en la acción: "Nací cuando mis padres ya no se querían". Es su forma habitual de iniciar cuentos y novelas. Solo  "El saltamontes verde" se inicia como los cuentos tradicionales "Una vez existió un muchacho llamado Yungo."

    Quedaría hablar del final. Sabido es que el final de cualquier obra narrativa puede ser, además de más o menos original, abierto, cerrado o impreciso. Tal vez en este caso podríamos calificarlo de impreciso y me explico . Por un lado, en el tren va Adriana con Eduarda que se la lleva una temporada para alejarla de ese colegio donde no consigue integrase y en el que ha hecho una travesura que implica que no deba volver ,de momento; no obstante se vislumbra por ciertos leves indicios que la temporada va a ser larga:" Nadie sabía entonces que aquel poco tiempo iba a convertirse en tres largos años, en una guerra que iba a tenernos incomunicadas en zonas enemigas, que iba a enfrentar y matar a mis añorados Jerónimo y Fabián, y que mi padre desaparecería para siempre de mi vida". A pesar de ello, la historia de esta vida que casi acaba de empezar, no ha acabado; seguirá, indudablemente. O sea, se trataría de un final abierto, hasta cierto punto; podemos esperar una segunda parte.
   Pero hay otra cuestión que nos llevaría al final cerrado. La frase con que se cierra la novela:"Los unicornios nunca vuelven" como metáfora de que la infancia no vuelve. La infancia de Adriana acaba aquí. Este viaje en tren hacia un lugar y una vida nuevos podría ser, también metafóricamente, el viaje hacia la madurez. Por tanto, si tomamos la novela como el relato de la infancia de una niña, o de todos los niños, la novela se cierra aquí.
   Si recordamos lo que comentó en su día Julián Moreiro:”...A fin de cuentas ¿de qué otra cosa habla constantemente Ana Mª Matute sino del viejo tema del paraíso perdido?" podríamos decir que Adriana ha sido ya expulsada del paraíso, ese que da nombre al libro.


A mi izquierda pasaban a ráfagas campos mortecinos, apenas vistos bajo la luz crepuscular”

   Es esta, en resumidas cuentas, una deliciosa novela en la que todos podemos encontrar algún retazo de nuestra infancia y que nos debería hacer reflexionar acerca de los niños que tenemos cerca para tratar de comprenderlos. Y para que puedan reír y hablar, que no les ocurra lo que a la protagonista de esta obra; porque nunca volverán a ser niños.

BIBLIOGRAFÍA:
Ana María Matute.La voz del silencio. De  Marie-Lise Gazarian-Gautier.Ed.Planeta
 Prólogo de Julián Moreiro a "El árbol de oro y otros relatos" Ed. Bruño

 Como siempre, espero vuestros sabios comentarios.