Abro este blog con la intención de mantener un ameno diálogo con todo aquel que se acerque a él. Creo que lo más bonito de las relaciones humanas es esa comunicación que consiste en un intercambio de emociones, conocimientos, ideas….Esa comunicación que enriquece el espíritu.

"La relevancia de la comunicación humana, pues del contacto verbal surge un intercambio que aminora el dolor, palía la soledad y estimula el contento de vivir” Carmen Martí Gaite

jueves, 2 de febrero de 2017

EL VALOR DEL SILENCIO


  “LOS SILENCIOS DICEN A VECES MÁS QUE LAS PALABRAS”, (Julián personaje de   ITAHISA de Toti Martínez de Lezea)

  Una verdad incuestionable. El silencio guarda estrecha relación con la verdad y la mentira; con el amor y el odio; con la soledad y la tristeza; pero también con la compañía porque en compañía el silencio es escuchar pues, como decía (¿Goethe?) si “Hablar es una necesidad, escuchar es un arte”.

   Mucho se puede decir sobre el silencio, pero me temo que después de leer este artículo que se me ha ocurrido, más de uno piense: podrías haber guardado silencio. Lo asumo y respeto su opinión, pero me acojo a la, tan cacareada hoy, libertad de expresión.

   Me llega esta cita que me parece interesante:” antes de hablar pregúntate si lo que vas a decir es verdad, si no daña a nadie, si es útil. Y, en fin, si vale la pena perturbar el silencio con lo que quieres decir”. Según esta idea, tal vez no deberíamos hablar nunca y dejar el mundo en un eterno silencio. Ni tanto, ni tan calvo” dice la voz popular. Por supuesto, pensar antes de hablar. Obviamente, no mentir. Pero ¿conseguir que no dañe a nadie? Esto ya es casi imposible y, en todo caso, dependerá de la habilidad con que se diga y de la susceptibilidad, incluso inteligencia y madurez de quien escucha.

    Hoy, sin ir más lejos, no se puede decir lo que se piensa en cuestiones políticas ante nadie. Incluso en el mundo de las redes sociales. Hay muchas personas que dicen en ellas todo lo que se les ocurre pero si un seguidor o lector tiene la” feliz idea” de incluir un comentario, en principio tan inocuo, como “sin comentarios”, puede organizar un gran revuelo. Lees una definición de poesía con la que no estás de acuerdo y se te ocurre comentar: “la poesía es mucho más que eso”. Otro revuelo. Por tanto, mejor guardar silencio o, como mucho, pinchar el icono de me gusta. Tengo la impresión de que es lo único permitido.
  En lo que a comunicación se refiere, el silencio es un arma de doble filo. Se suele oír que “quien calla otorga”. También que quien calla es porque no tiene nada que decir. Ambas afirmaciones podrían ser ciertas en algún caso pero no se debería generalizar. Es posible que se calle por prudencia, por no herir susceptibilidades cuando no se está de acuerdo con algo pero se tiene la nítida sensación de que no va a gustar lo que digas. Vuelvo al ejemplo de las redes sociales. Si no introduzco un comentario, ni pincho el “me gusta” ¿Qué significa? ¿Qué otorgo, es decir estoy de acuerdo y para qué insistir? ¿Qué no me gusta lo leído y prefiero callar para no molestar ni dar lugar a discusiones innecesarias? ¿Qué desprecio a los que se han molestado en expresar una idea o compartir un envío? ¿Qué soy rematadamente tonta y como no me entero de lo que leo no comento?
  En una ocasión, en una reunión de amigos oí como a una persona que andaba calladita alguien le preguntó por qué no hablaba; contestó: porque prefiero escuchar, se aprende más. La persona que la había interpelado le endosó: esa es una postura egoísta. Como dijo Rosalía de Castro “Este barro mortal que envuelve el espíritu, / ¡quién lo entenderá, Señor!”

   Mucho se ha hablado del buen callar. “Al buen callar llaman Sancho…” (Frase de larga historia que no ha lugar explicar aquí). “No hables a menos que puedas mejorar el silencio” (¿Jorge Luis Borges?). ¿Recordáis el consejo que le dio papá Conejo a Tambor antes de salir de casa?: Cuando al hablar no has de agradar, mucho mejor será callar.  
   Por el contrario también encontramos frases muy elocuentes sobre el hecho de no callar, de hablar: “La palabra, cuando es clara y sincera, nos acerca a los demás “. ¡Cuán agradable es pasar una tarde o unas horas hablando de manera sincera, amistosa y clara con algún/a amigo/a, hijo/a o con la pareja. Podríamos aquí aplicar la frase de ¿Unamuno? “El silencio es como el viento: atiza los grandes malentendidos y no extingue más que los pequeños.” Porque, efectivamente, callar, a veces, conduce a malos entendidos que solo se pueden aclarar hablado.

  “Hay amores que matan” reza un refrán castellano y también podríamos decir: hay silencios que matan. Son esos silencios que suceden cuando esperamos una respuesta positiva, un elogio, un reconocimiento o una noticia y obtenemos como se suele decir “la callada por respuesta”. Entonces puede ocurrir que, como dijo no sé quién, “A veces, el silencio es la peor mentira “.

  Muy interesante es la relación silencio-amor. En este sentido la poesía ha dicho casi todo lo que se podría decir. A través de ella vemos como en la relación amorosa el silencio es sustituido ventajosamente por la mirada. Una mirada dirá, a veces, mucho más que mil palabras. “Obras son amores/ que no buenas razones” , reza el dicho popular. O bien, el silencio viene impuesto por un amor que por un motivo u otro debe mantenerse oculto. “¡Silencio sin confín, lirio maduro!” (“Sonetos del amor oscuro” de García Lorca)   También es posible encontrar en la presencia o deseo del silencio una actitud de dominio,  “Me gustas cuando callas porque estás como ausente “. 
¡Oh, los grandes, graves, silencios del amor,
¡Oh, amar tanto que sólo el silencio pueda comunicar la dicha que sentimos.

  Pasemos a otro aspecto. El silencio (o los silencios) es necesario, no ya para callar algo que no se debe decir sino en la locución o en la lectura. Cuando hablamos, necesariamente hemos de ir introduciendo silencios más o menos breves o extensos dependiendo del significado de la frase, de su extensión, de la relación de unas frases con otras. En la lectura estos silencios vienen indicados por los signos de puntuación.
  Otro tanto ocurre en la música. Es decir, que en cierto modo el silencio forma parte del sonido y convive con él.

  Centrémonos ahora en otra acepción del silencio. El silencio como opuesto al sonido, al ruido. Necesitamos el silencio. En estos tiempos tan ajetreados y ruidosos que vivimos ¡qué necesario es un poco de silencio! Con frecuencia oímos en los Medios de Comunicación que los vecinos se quejan del ruido procedente de un bar vecino, de las terrazas de los bares o, incluso, de la música de las fiestas del barrio. Es más, hay quien se queja del que hacen los camiones de recogida de la basura porque suelen pasar bajo nuestras ventanas a horas muy delicadas para el sueño. Todas estas quejas tienen su razón de ser, pero no siempre tienen razón. Es cierto que hay personas que para poder dormir necesitan, o creen necesitar, un silencio absoluto. Otras, sin embargo, son como aquel pirata literario que del trueno al son violento/ y del viento al rebramar/ se dormía sosegado/arrullado por el mar. (Yo podría ser una de esas personas). Las hay que en lugar de dormir la siesta se duermen el telediario.

   El silencio absoluto, tal vez, no sea bueno ni tan necesario. Alguien, no recuerdo bien quién, dijo algo así como que Hay pocas cosas tan ensordecedoras como el silencio” Es cierto. Es muy difícil soportar un silencio absoluto. Ni siquiera para dormir. Y si no pensemos: ¿No es cierto que a los bebés les cantamos, les susurramos cosas al oído mientras los mecemos en nuestro regazo o en su cuna? Para darme la razón ahí están las nanas y canciones de cuna. Los músicos, los poetas y, tal vez, la voz popular, en todos los tiempos (eso sí, pasados) compusieron muchas y muy bellas. Aunque también algunas, no sé por qué razón, tenían unas letras un tanto truculentas. Recuerdo una aprendida de mi madre que, sin duda, debió aprenderla de alguna de aquellas entrañables tatas del pueblo que decía así: (No me resisto a transcribirla)
El tren que corría
 por la ancha vía,
de pronto vino a chocar
con un aeroplano
que estaba en el llano
volando sin descansar.
Quedó el maquinista,
con la tripa fuera
mirando hacia el aviador
que ya sin cabeza
buscaba el sombrero
para librarse del sol.
 Todo esto ocurría,
sin saber cómo ni cuándo
 y la máquina seguía
pita, pita, caminando.
 ¿Habrá mayor disparate? Pero está claro que el bebé, que no entendía la letra, se dormía, no por las palabras sino por la música, por el ritmo. Si nos detenemos a analizar el ritmo del texto comprobaremos que reproduce el movimiento de vaivén con que acunamos al niño.

  Para ciertas actividades es necesario el silencio. Por ejemplo, para estudiar, leer, escribir o, sencillamente, pensar.
  No obstante, hay personas que estudian con música. Entiendo que una suave música de fondo puede ayudar; pero nunca una canción o una de estas músicas estridentes, que más parecen ruido, que tanto se oyen hoy. Pero ya se sabe, hay gustos para todo. Además, cada persona es un mundo y en esto de necesitar más o menos del silencio, como en casi siempre, no se puede generalizar.
  Personalmente me cuento entre esas personas que necesitan silencio para leer, estudiar, concentrarse. Cualquier palabra me puede romper el hilo de una idea y es posible que no lo recupere jamás. Me ha ocurrido.  Sin embargo, cosa curiosa, escribo junto a una ventana que da a un pequeño parque infantil y el sonido de los niños que juegan, se columpian, gritan…no me molesta. Incluso, a veces, giro la cabeza hacia la derecha cuando los oigo para verlos, y luego sigo escribiendo sin problemas.
  A veces, paradójicamente, es necesario que se produzca un silencio para que podamos oír o escuchar algo. Por ejemplo, en una clase debe reinar, al menos durante algunos minutos, el silencio para que los alumnos oigan la explicación del profesor o de otro compañero; incluso que el profesor pueda escuchar debidamente las exposiciones de los alumnos. En el cine, debe reinar el silencio pues de otra manera no nos enteraremos de nada. Algo similar ocurre en un concierto o en el teatro. O cuando en familia se está viendo la televisión y alguien habla se le manda callar; sobre todo si se observa que van a decir algo más importante de lo habitual.

  El silencio es necesario para pensar aunque, evidentemente, podríamos hacerlo entre el mayor de los barullos. Pero imaginemos qué ocurriría si un científico tuviera que investigar, formular hipótesis y tesis en medio de un alboroto. No lo veo muy factible. O simplemente el ama de casa que está preparando la comida y recordando los ingredientes.  Está pensando, concentrada. Le hablan y se le puede olvidar agregar la sal o pierde la cuenta de los cacillos de agua que debe echar a la paellera.
  Al llegar a este punto del tema he recordado una canción que se escuchaba mucho en mis años jóvenes, en aquellos programas radiofónicos de discos dedicados. Era una milonga de Atahualpa Yupanqui “Los ejes de mi carreta” que en parte de la canción decía:
No necesito silencio.
Yo no tengo en qué pensar.
Tenía, pero hace tiempo,
ahora ya no pienso más.  

   Estas palabras nos llevan a reflexionar sobre otro aspecto del tema que estamos tratando. ¿Qué ocurre si nos encerramos demasiado en nosotros mismos, en un silencio obstinado? ¿Es recomendable lo que algunos llaman el silencio interior y que dicen sirve para conocerse mejor? No sé. A veces si nos obcecamos en guardar silencio, en pensar demasiado pueden aparecer ciertos fantasmas nada recomendables. Y en cuanto a lo de autoconocerse, tengo mis dudas; lo que no significa que no respete la aceptación de otras muchas personas pues, a juzgar por la cantidad de páginas que he encontrado en Internet sobre este asunto, pienso que debe estar de moda. En una de las páginas que he rastreado en busca de información sobre el tema, he encontrado la siguiente frase: Hablar es una válvula de escape, un sistema de seguridad necesario para no entrar en los límites de la locura cuando la presión externa es excesiva. Más me avengo a esta idea. Está comprobado que cuando una persona se guarda todos los problemas, o las manías, puede acabar cayendo en una depresión, o puede somatizar sus problemas a través de aparentes enfermedades. Aparecen, como decía antes, los fantasmas, los recuerdos negativos, los presagios tristes, incluso, dramáticos; la autocompasión que le conducirá a la tristeza. O sea, nada bueno.
  Peor, aun cuando el silencio es impuesto por personas del entorno, por la sociedad, la educación, el ambiente, etc. Hablar es una válvula de escape…”
. Los seres humanos necesitamos hablar, comunicarnos. Decía Carmen Martín Gaite algo así como que a veces se escribe porque no se tiene con quien hablar. No es necesario tomar al pie de la letra ese no tener con quien hablar. Lo que ocurre, a veces, es que no tenemos con quien intercambiar ideas que nos bullen en la cabeza, la impresión que nos ha causado la lectura de una novela , lo que pensamos a cerca de los acontecimientos que ocurren cada día…Muchas veces van las personas a una reunión con la idea de plantear un tema ( o varios) que le parece interesante o le preocupa pero resulta que casi siempre hay alguien que toma la voz cantante y convierte la reunión en una especie de autobiografía o monólogo, o impone un tema del que no hay manera de salir. Es el problema que tenemos los humanos que como dijo alguien (¿Ernst Hemingway?)     Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar. Yo diría a escuchar. Al arte de escuchar.

   Y para terminar no querría dejar de citar la importancia del silencio, en y, de la naturaleza. Ese del que tantos hermosos versos compusieron nuestros poetas: Garcilaso de la Vega, Fray Luis de León, San Juan de la Cruz…
Remito a Notas.
   Espero haber sido capaz de seguir el consejo que recogía más arriba de hablar para decir la verdad, no dañar a nadie, ser útil. Y, si ha valido la pena perturbar vuestro silencio con lo que he dicho. O si por el contrario me he ganado que alguien repita aquel famoso ¿¡Por qué no te callas!?

Notas. -
  A veces pongo entre signos de interrogación el nombre del autor de una cita. La razón no es otra que haber comprobado que no todo lo que aparece en Internet o nos llega a través de Facebook o wasap es correcto, incluso cierto.
   Textos consultados de los que se ha extraído alguna cita y que se pueden leer como complemento del artículo:
 “Cántico espiritual” ( S. Juan de la Cruz )
…la música callada,
   la soledad sonora,
 Elegía del silencio (Federico García Lorca) Obras completas. Aguilar.
Silencio, ¿dónde llevas
tu cristal empañado
de risas, de palabras
y sollozos del árbol?..
Sonetos del amor oscuro. (G. Lorca) (Internet)
¡Ay noche inmensa de perfil seguro,
 montaña celestial de angustia erguida!
 ¡Ay perro en corazón, voz perseguida!
 ¡Silencio sin confín, lirio maduro!) …

El silencio del mar
brama un juicio infinito……

Égloga III estrofa 10) (Garcilaso)  en poesías castellanas completas. Ed.  Clásicos. Castalia
“En el silencio solo se escuchaba
el susurro de abejas que sonaba” …

 “Vida retirada “(Fray Luis), poesías. Círculo de lectores
“Un no rompido sueño,
Un día puro, alegre, libre quiero” …
………………….
 “Despiértenme las aves
con su cantar sabroso no aprendido.
…………………………
“El aire el huerto orea
y ofrece mil olores al sentido;
los árboles menea
con un manso rüido
que del oro y del cetro pone olvido…”

El silencio.  Mario Benedetti (Internet)
Qué espléndida laguna es el silencio
allá en la orilla una campana espera
pero nadie se anima a hundir un remo
en el espejo de las aguas quietas
……………………….
Fue tu silencio el que me dio todas las respuestas.
………………………
Tu silencio encierra lo que no quiero escuchar, lo que me niego a oírte pronunciar
-
  15 de P. Neruda -
Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca…

Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo

Silencio de Carlos Gardel
……..
Meciendo una cuna
una madre canta
un canto querido
que llega hasta el alma
porque en esa cuna
está su esperanza
………………….
Silencio en la noche
Silencio en las almas
 Vuestros comentarios serán bien venidos. Vuestro silencio será muy elocuente.


martes, 17 de enero de 2017

PARA LISTO, YO (el pecado de la soberbia)

 En casi todas las listas de pecados, la soberbia (del latín superbia) es considerado el original y más serio de los pecados capitales. Se suele definir como un deseo de ser más importante o atractivo que los demás. Ser el más listo. Al que nadie se la pega.
      Desde su nacimiento en una sencilla familia cristiana,
  había sido  educado en la humildad.
-Sé humilde- le decía su madre- no eres mejor que los demás
-No peques de soberbia como hizo Luzbel- le decía el cura en la catequesis
-No seas orgulloso pues nadie te respetará- repetía una y otra vez el padre.
-No seas vanidoso que te perderás como el cuervo de la fábula repetía la abuela
   Fue creciendo y empezaron los estudios.
   El profesor de literatura: Dante coloca en la primera terraza del purgatorio a los soberbios.
   El Arcipreste de Hita censura el pecado de la soberbia en su fábula del “caballo y el asno”
   El profesor de griego empezaba su clase con la frase del Eclesiastés: “MATAIOTES MATAIOTETON KAI PANTA MATAIOTES” escrita con mayúsculas en el encerado.
    Con estas enseñanzas el pobrete cada día era más apocado. No quería pecar de soberbio pero empezó a pecar de pacato.
   Así sus buenos amigos le decían constantemente
-    -Tienes que creer un poco más en ti mismo.
-No debes asustarte tanto ante el profesor, no es el coco,
-No les des a todos la razón, creen que eres tonto
   El tiempo pasaba y tras mucho sufrir consiguió  acabar la carrera. Ahora tenía dos problemas añadidos. El más importante, quizá, las chicas.
-No eres peor que los otros-le decía su mejor amigo
-Hazte de valer
-Pero  es que me educaron en la modestia y la humildad. Me lo grabaron a cincel
-Ya lo veo. Eso está bien pero hasta las  virtudes hay que saberlas administrar. Como lo harías con tu sueldo para llegar a fin de mes. Decídete.  Demuestra a todos  que eres inteligente, gracioso. Si eres fantástico ¿por qué andas siempre como asustado ante todos? Eres mejor que muchos
   Por fin llegó el momento de las oposiciones y otra vez el mismo problema. Siendo, como era inteligentísimo tuvo grandes problemas para aprobar.
   Un día su mejor amigo, harto de darle consejos sin conseguir borrar aquella “buena educación” le soltó
-Di alguna vez ¡¿quién como yo?! ¡Coooño!
   Y él intentó empezar a ponerlo en práctica, con poco éxito de momento, pero progresando adecuadamente. Hasta aquel día.
   Había quedado con los amigos para toma unas cañas. Llegó al lugar de la cita y empezó a dar vueltas en busca de un aparcamiento. Por fin, ya cansado, vio un hueco pero ¡mal asunto! junto a la acera una señal de tráfico indicaba Prohibido aparcar. Precisamente en ese momento decidió poner en práctica lo de ¿quién como yo?: Pues aparco aquí porque quiero. ¡A mí me vas a decir tú dónde tengo que aparcar! Y aparcó, cerró el coche. se ,fue a tomar las cervezas. Cuando volvió a recogerlo, el vehículo había desparecido. ¡Oh consternacione! Se lo había llevado la grúa.
Investiga dónde está, llega como Dios te da a entender, demuestra que eres el dueño, paga una multa y te lo puedes llevar.
¡Para una vez que pecó de soberbio…!

 (Julio 2016)

domingo, 1 de enero de 2017

“Un velero bergantín”. Defensa de la Literatura


Autor Luis García Montero
 Una obrita digna de ser leída por profesores de Literatura, pero, tal vez más por lectores sin formación literaria y sobre todo futuros escritores.

  Para ser sincera he de decir que el primer capítulo me decepcionó algo, dado que el título era muy sugerente. Pero pronto hallé lo que buscaba y esperaba encontrar.
   He dicho que me decepcionó porque, al principio, el autor solo se centra en el tema de la CANCIÓN DEL PIRATA, concretamente en la canción o sea la estrofa que canta a la libertad, incluso con una ,aunque velada y sutil, alusión política. Me extrañó que todo un poeta, además de profesor de Literatura, centrara la atención solo en el contenido, en el significado, de un poema como este. Un poema que dejando a un lado lo que dice, que evidentemente nos atrae y emociona, es mucho más que eso. Un poema con un ritmo poético y una musicalidad extraordinarios. Versos que es imposible leer sin seguir el balanceo de las olas del mar o de una cuna que se mece para dormir a un niño. O versos como “yo me río…” iniciado con un monosílabo que rítmicamente lleva un poderoso acento que le proporciona una fuerza semántica extraordinaria. Porque un poema, si nos emociona, no es solo por lo que dice sino por cómo lo dice
  Un poema así, pensaba yo, no puede servir solo para sentir la libertad. Pero casi al final del capítulo abre la puerta a ideas muy interesantes cuando dice que “la lectura nos enseña a ponernos en el lugar del otro, pero no deja al otro sin lugar” Bonito ¿verdad?.

“El otro” un tema que va a ser, a partir de aquí, el centro del libro.
Así veremos como el poeta, o el escritor en general, al escribir se pone en lugar del otro, del posible lector; de la misma manera que se va poniendo en lugar del personaje que va creando, porque es la única manera de crearlo. Por tanto, nos va a hablar también  del” yo poético” algo poco conocido. Por regla general cuando se lee poesía se piensa que se está leyendo la autobiografía poética del autor y no es así exactamente. El poeta crea un personaje que es, en realidad, quien habla, siente, vive en el poema.
 Mientras que el lector, al leer, también se pone en lugar, no solo del autor, sino de los personajes; se identifica con ambos, vive con ellos, llora y ríe, ama y odia. Siempre poniéndose en lugar del “otro”.
  Leer, pero leer sin prisa y leer a los clásicos. Cabe aquí recordar que hay que saber leer. Como decía el Arcipreste de Hita, el libro es como un instrumento musical que según se toca así suena. Eso ocurre con el libro, con los libros. No cabe leer, por ejemplo ,La Celestina viendo en ella solo la trágica historia de dos amantes sino también el aviso que se da a los jóvenes de que el amor mal entendido, mal practicado puede ocasionar grandes males. Es decir que se puede además extraer una enseñanza, aviso ético, o moral como sería en la época incluso hoy  para muchos.
   Al hablar de las prisas con que todo se hace hoy, incide en un tema muy interesante y de rabiosa actualidad. Aconseja a quien piense escribir que lea, que no desprecie a los clásicos pues de ese pasado tendremos que hacer el futuro. Escribir pero habiendo leído mucho. antes; y releyendo lo escrito pues no es cierto que en la improvisación esté la verdad .Y mucho menos, diría yo, la belleza de un texto literario. Me viene a la memoria otro clásico, Fray Luis que decía que “escribir es negocio de particular juicio…”
  También tendrían que recordar a los jóvenes y noveles escritores que todos los grandes de la historia de la literatura leyeron a sus antepasados. Recordemos como en Garcilaso está Petrarca mientras en Góngora está Garcilaso; o en Neruda están Fray Luis y Quevedo (por lo menos); y en Pérez –Reverte está Galdós y así un largo etcétera.
  Se lamenta de que esta dinámica de las prisas nos ha llevado a pensar que lo que vale es hablar sin haber pensado lo que se va a decir; incluso, que ser libre significa hablar mucho sin tener opiniones propias. Esta idea me ha hecho reflexionar acerca de tantas veces como  oímos hablar, como si lo hicieran ex cátedra, a personas que únicamente están repitiendo lo que han oído en los Medios o han visto en Internet. Sobre todo lo de Internet ya clama al cielo pues se piensa que lo que aparezca en una página web es artículo de fe.
  Todo esto de la prisa es algo que tengo comprobado y me ha llevado a sentirme identificada con el autor.
  Habla también de la función del profesor de literatura, o el profesor en general. Es muy curioso lo que dice acerca  de que cuando el profesor cierra la puerta de su aula, todo lo que ocurra dentro es su responsabilidad pues lo que hace es abrir una puerta a otro mundo, a ese mundo que debe mostrar a los alumnos. A este respecto habría mucho que decir. Lleva a reflexionar por largo y tendido a quien ha tenido el oficio de profesora de literatura durante más de treinta años. Y aún hoy se siente así.
  He dicho oficio y no profesión porque de oficio habla también el autor, al referirse a que hace falta una especialización para realizar un oficio. Y se refiere incluso, al oficio de poeta, de escritor. Un oficio, deducimos de sus palabras no requiere únicamente estar especializado sino también trabajo, muchas horas de trabajo.
  Esto me ha llevado a llevar a cabo ciertas consideraciones  sobre varios temas. Uno surgió con la última reforma de la educación. Ese volver a los años sesenta y setenta del siglo pasado cuando un profesor, si  era de letras ya  podía dar clase de Historia, Filosofía …cualquier materia de este ámbito o similar. ¡Qué disparate! Y eso yo lo he vivido. ¿Para qué, entonces, me pregunto, hacer una especialidad? ¿Puede ese profesor impartir con el mismo entusiasmo todas esas materias que estudió pero que no domina? ¿Cómo podrá transmitir a sus alumnos con claridad ideas y conceptos que él no tiene claros? Aun siendo especialista, recoge también este detalle el autor. Un profesor aprende dando clase; porque (y volvemos al “otro”) ha de ponerse en lugar del alumno para encontrar el modo en que este lo entendería. Qué razón tiene. Cuántos recuerdos y cuántas anécdotas, me ha sugerido esta parte del libro. Una frase que no me resigno a no recoger “Entre el alumno y el profesor se da un viaje continuo de ida y vuelta muy parecido al que se  provoca entre autor y lector”
  Otro problema, este a nivel general, se plantea en los trabajos de cualquier tipo. Hoy muchas personas se ven obligadas a realizar el trabajo que salga aunque no sea su especialidad. Difícilmente lo hará igual que un especialista. Esto, dice el autor es trabajo pero no oficio.
  Y, lo más curioso , y que todos los escritores noveles deberían leer, ser poeta, ser escritor es también un oficio. Requiere conocimientos que se habrán adquirido leyendo a los clásicos, desde los griegos al siglo XX. También dedicándole muchas horas, escribir, corregir, releer, volver a corregir…Algo que desgraciadamente hoy no se hace. Se piensa que ser un genio es echar al mundo lo primero que a uno se le ocurra. He recordado, a este propósito, como la mayoría de los grandes y buenos escritores de todos los tiempos hablan de trabajo, de luchar con las palabras para encontrar la más adecuada, más expresiva, la que mejor suene. También he recordado haber leído una obra sobre Miguel Ángel en la que en dos ocasiones al gran escultor y pintor le llaman genio y él responde que de genio nada, que en esa obra hay mucho trabajo.
  Completa el autor su  obra recurriendo al ejemplo y somero análisis de varios poetas, García Lorca, Brines, Cernuda, Gil de Biedma, para seguir insistiendo en los temas de los que hemos hablado.
  La conclusión es que la literatura es importante y necesaria porque, además de ser arte, ayuda a vivir otras vidas, a reflexionar sobre temas varios y a disfrutar.
  Defiende, como es lógico, mantener las Humanidades pues” la democracia necesita de las Humanidades.”
   La propuesta, pues, de esta obra, de acuerdo  con Darío Villanueva, es  que tenemos la obligación de defender la idea de que la literatura constituye un elemento imprescindible para la formación de los ciudadanos en múltiples aspectos.

Una obra muy interesante que vale la pena leer con detenimiento.                                                                                                                                                                                                   Como siempre,quedo a la espera de algún inteligente comentario.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             

martes, 20 de diciembre de 2016

La misteriosa desaparición de las tortitas

:    (Cuento de Navidad )

   Este año no me van a sobrar golosinas navideñas. Pensó la abuela mientras se hacía una detallada lista de todo lo que debía comprar. Variedad pero cantidades razonables que luego me quedo yo, como el chinico de San Antón, comiendo dulces hasta el día de los enamorados y mi cintura…
  Hacer esta lista le recordó tiempos pasados, muy lejanos ¡Qué tiempos!
  Llegaron los días navideños. Empezaron a acudir los hijos y nietos. La casa se llenó y a ella, que tan bien se había organizado, no le salían del todo las cuentas (sobre todo las del tiempo). Apenas llegaban ya querían ir dando cuenta de los dulces y ella: ¡tranquilos, que aún no es Navidad! Hay que empezar el día de Noche Buena.
  Cuando el día 23 decidió ir preparando las bandejas con los dulces para cada día, observó sorprendida que en la bandeja de las tortitas de recado que tenía ya preparada faltaba una. ¿Cómo podía ser si la tenía algo escondida porque no debía salir hasta el desayuno del día de Navidad?.
   Como es natural preguntó a mayores y pequeños. Todos dieron la negativa por respuesta. Resignada, repuso la tortita volatilizada y volvió a colocar la bandeja, esta vez, un poquito más escondida
. No sé de qué me sirve ser tan organizada, pensó, si ahora se evaporan las cosas.
   Durante la comida todos reían hablando del episodio y la nieta más pequeña, de solo cinco años pero más lista que “los ratones coloraos” dijo: ¡Abuelita, a ver si te la has comido tú por la noche!  ¡Sí. Claro! -dijo la abuela -me levanto mientras todos dormís y me como las tortitas. ¿¡No te fastidia?!Todos rieron la ocurrencia.
  Cuando a otro día se encaramó al armario para preparar las nuevas bandejas con vistas al postre de la comida ¡¿Qué es esto?! ¡Falta otra tortita! ¡Haced el favor de tener seriedad! Quien haya sido que lo diga. No me importa pero no me liéis. Son para vosotros, pero en su momento ¡Caramba!
De nuevo negativa general Volvió a recomponer la bandeja.
  Aquella noche, cuando reinaba el silencio en la casa, una de las nietas creyó oír un ruidito. Mamá, hay alguien en la cocina. ¿Qué dices? No hay luz. Ven, vamos. Se asomaron con sigilo y ¡Oh sorpresa! La abuela, completamente dormida, utilizando como asiento la escalerilla de mano, devoraba con patente fruición  una tortita. Con mucho cuidado para no despertarla, no se debe despertar a los sonámbulos, la llevaron a la cama y repusieron la tortita para que no siguiera preocupándose por el asunto.
   A la mañana siguiente, la hija pequeña, que había sido testigo de la dulce noche de su madre, dijo con el fin de disimular y acabar con aquella pesadilla: mamá, esta mañana nos desayunamos las tortitas que quedan. -¿No faltan más?-. No. Están todas. Pero antes de que vuelva el devorador de tortitas nos las comemos.
   Como es natural, todos supieron lo que había ocurrido (menos la autora del robo) y rieron con ganas. La abuela  era tan golosa que hasta dormida golosineaba.
   Así es como se descubrió el misterio de las tortitas desaparecidas. Y de esta manera tuvieron una anécdota de aquella Navidad.
(Enero – diciembre de 2016) 
¿Comentarios?

martes, 6 de diciembre de 2016

EL CUMPLEAÑOS SECRETO



   Novela de Kate Morton
    A través de un narrador omnisciente que cede la palabra constantemente a los personajes, nos va sumergiendo la autora en un mundo pleno de misterios, medias verdades, sueños casi imposibles, recuerdos…. Una auténtica maraña de emociones y sentimientos.
   Se nos presenta la novela divida en cuatro partes (Laurel, Dorothy, Vivien, Dorothy), en cada una de las cuales, iremos conociendo detalladamente  personajes y / o acontecimientos. Es esta una fórmula muy utilizada últimamente por los escritores.
    Si, por un lado, al tiempo que desgaja la historia nos va aclarando infinidad de datos de los personajes, por otro, crea una cierta confusión dado que, casi siempre, se nos dan visiones diferentes de los acontecimientos vividos por esos personajes. Se trata, en cierto modo, de una forma de perspectivismo o focalización de los hechos.
   Cada una de las partes lleva título que puede ser el nombre de un personaje: Laurel, Dolly o Dorothy, Vivien. O fechas.

   Entre los personajes destacan tres mujeres:

   Laurel, la primogénita de una familia numerosa formada por otras tres hermanas y un chico, el menor. Como ocurre en todas las familias, cada hermana toma un muy distinto  derrotero.; el chico será un científico ocupado en sus cosas y, como ya es tópico y típico, muy despistado, pero cuando se le necesita acude.
   Dorothy, llamada familiarmente Dolly. La madre abnegada, cariñosa y soñadora, de esa familia numerosa Su vida conocida, así como la parte que sus hijos no conocían ocupa prácticamente la novela. La podemos seguir desde su infancia hasta que muere.
   Vivien otra mujer valiente, enigmática, activa y buena.

   Laurel, de la mano del narrador omnisciente, (o a la inversa) es la que va descubriendo al lector los entresijos de la familia. Toda su vida, desde una tarde de su adolescencia, vive obsesionada con un suceso que presenció en el que está involucrada su madre. Cuando la madre está próxima a morir descubre algo que la llevará a investigar en su vida y la  del resto de los personajes que se relacionaron con ella, como Vivien y Jenkins su marido; y Jimmy, amor de juventud de Dolly.

   En el inicio de las pesquisas de Laurel tienen una función importante una fotografía y la dedicatoria de un libro.

   Los personajes van siendo descritos con, a veces breves, pinceladas tanto física como psicológicamente  en el momento que lo requiere el curso del relato.
Se trata, pues, de auténticos retratos que se van conformando como si de un puzle se tratara.

   De la misma manera que se nos va llevando de un personaje a otro se hace con el espacio y el tiempo.
La acción se desarrolla en Inglaterra pero en diferentes lugares. Así, se inicia en Greenacres  (la casa familiar ,1961) La Inglaterra rural, una casa de labranza en medio de ninguna parte….; A partir de aquí tanto espacio como tiempo se van moviendo en .un continuo flashback o analepsis.
 Suffolk, 2011 ; Londres, mayo de 1941; Suffolk 2011; El  tren Coventry - Londres, 1938; Londres 2011; Londres, diciembre de 1940; Greenacres, 2011;Londres enero de 1941; Suffolk 2011; Londres, enero de 1941;  Universidad de Cambridge, 2011; Londres, finales de enero de 1941; Greenacres,2011;Londres, febrero de 1941; Londres,2011;Moun Tamborine (Australia), 1929; Londres, marzo de 1941; Greenacres,2011; Londres, abril de 1941; Biblioteca de New College (Universidad de Oxford),2011; Londres, mayo de 1941; Greenacres,2011(otoño);Londres,23 de mayo de 1941; Londres, 2011; Al final del trayecto ,mayo de 1941; Greenacres,2011; Greenacres,1953

 En las partes dos y tres se van repitiendo acontecimientos que vivieron, en cierto modo relacionadas, Dorothy y Vivien pero presentados desde diferentes perspectivas. Es como si cada una de ellas estuviera contando su versión de los hechos.

   En cuanto al espacio, también los interiores  son diverso y variados. Descritos, a veces, con toda suerte de detalles, otras, de manera sucinta.

    En el relato alternan la tercera persona con numerosos diálogos bien tratados, lo que agiliza algo el curso de la narración.
   También se intercalan textos pertenecientes a alguna página de Internet, o a diarios como por ejemplo del de la que fue institutriz de Vivien.

 Se pasa revista a muchos y variados temas: filosofía de vida, afrontar las consecuencias de nuestros hechos, la envidia, la fantasía y ambición desmedidas, los sueños frustrados, el amor, el machismo y, tal vez, destaca algo que dice Laurel en un momento dado :el desconocimiento que se suele tener de los padres, sobre todo de la madre.

En conclusión una novela extensa, difícil de resumir, bastante en la línea de la autora, aunque en mi opinión no la mejor, que  se lee con gusto y .sobre todo interés y curiosidad. Con un final inesperado.

Octubre-noviembre de 2016

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domingo, 20 de noviembre de 2016

Brillantes, no,gracias.


La siguiente curiosidad viene presentada a manera de diálogo
                                                                                                           De los brillantes,
Porque brillan pero no alumbran,
Libéranos Dómine
 -Prefiero las circonitas
− ¿A qué vendrá esto ahora? Sigámosla.
Tengo la impresión de que los seres humanos nos dividimos en dos grupos, tal vez uno    mayor que otro: los brillantes y los que no lo son o somos. Y ¿qué es ser brillante? Esta es la cuestión.
-                  -  Mucho me temo que la vas a analizar detallada y ampliamente
-                 -  Y ¿qué esperabas?
-                - Ya, ya. Cuando tú te pones a reflexionar no hay quien te pare. Y también es difícil seguirte   pero lo intentaré.
-                    -Eso. Tú a lo tuyo. Yo pienso. Tú escribes.
-                   -¡Cómo si fuera tan fácil! Veamos.
-                   -Para algunos ser brillante es casi sinónimo de empollón, un alumno que es capaz de repetir al dedillo las páginas del libro de texto o de los apuntes. También puede ser el que tiene facilidad para las matemáticas o para hacer las traducciones del idioma de turno, ya sea lengua viva o muerta. Son alumnos a los que se califica automáticamente con el 10, el sobresaliente. Sin embargo no suele darse ese calificativo al alumno que piensa, razona, intenta comprender lo que estudia y en lugar de repetir como un loro, cinta magnetofónica o disco de ordenado, expone las respuestas según sus deducciones.
   Otrosí se suele considerar brillante a la persona de respuesta rápida como si la inteligencia y la rapidez fueran sinónimos o anduvieran por el mundo cogiditas de la mano.
     Hoy, no se habla tanto de brillantes como de  excelencia y  excelentes. A los alumnos diagnosticados como excelentes se les matricula en los cursos bilingües que luego se disputarán algunos profesores porque serán más fáciles de llevar, podrán insuflarles más sabiduría y quedarán muy satisfechos al terminar el curso y haber podido conceder un sinfín de sobresalientes. Esto no deja de ser una marginación de cierto número de alumnos, una discriminación.
   Y lo que es peor. A esas criaturas diagnosticadas como excelentes se les comunica su excepcionalidad, lo saben los profesores, se cacarea por todas partes, lo que lleva a que los compañeros “normales” les den de lado. No por desprecio sino porque creen que no van a  saber jugar, que solo les interesa estudiar etc. En una palabra .porque los consideran raros.
  Muchos de ellos, además, inevitablemente  caen en manos de psicólogos.
  Pasan así parte de su adolescencia y juventud entre libros y halagos. Hacen las carreras más difíciles y complicadas. Hacen tesis doctorales calificadas cum laude. Con suerte consiguen trabajos excelentes, pero….
  -Ya sabía yo que en algún momento aparecería el “pero”. Se le veía venir. A ver. Pero ¿qué?
 - Muy sencillo. Generalmente fracasan en su vida afectiva, emocional, cotidiana. No están preparados para la vida diaria, para compartir y formar una familia; se suelen equivocar al tomar ciertas decisiones. En una palabra: no son felices.
  Pasarán por la vida como brillantes, brillando pero sin alumbrar.
 Alguien dijo que los brillantes brillan pero no alumbran. Además son muy caros ,pienso yo.. Por eso  prefiero las circonitas que también brillan pero son más accesibles. Al igual que los brillantes, que son carísimos, deslumbran pero ¡qué pocos se los pueden permitir! y hay que llevarlos con guardaespaldas. Sin embargo las zirconitas (o circonitas, que tanto monta) están al alcance de todos. Como esas personas que no brillan, no destacan en nada pero son capaces de autosuficiencia total, no se apoyan en nadie, entre otras cosas porque los brillantes se apoyan en ellas, y si se las observa o escucha se puede ver que también tienen su brillito o mejor diríamos son las que alumbran.
  A esto de ser brillante o no  se le podría aplicar el dicho “Cobra fama y échate a dormir”
-¿Seguro?
-Sí, sí. Cuando una persona es considerada brillante no tiene que preocuparse ya de demostrar su valía. Todo lo que haga recibirá ipso facto el beneplácito de cuantos le rodean y toda suerte de elogios.
 Mira. Supongamos un grupo de personas que deciden realizar una actividad, digamos intelectual. Se comprometen a aportar ideas y, si es posible, alguna cosita ya preparada que pueda servir para iniciar el trabajo.  En esto de los trabajos en equipo siempre hay quien se retrasa pero puede ocurrir que algún miembro se interese seriamente por el proyecto, dedique días, incluso unas vacaciones, a preparar actividades, a reunir ideas. Llegan a la reunión de trabajo. Esta hormiguita presenta su proyecto, en cierto modo orgullosa de haber dedicado su tiempo a planificarlo y considerando honradamente que es bueno lo que ha hecho... Pero llega la o el brillante y dice que no ha tenido tiempo porque, claro, tiene infinidad de actividades, pero en unos minutos antes de acudir a la reunión ha hecho un esbozo, un bosquejo de lo que puede ser el definitivo proyecto. Pues esto es lo que se valorará. La rapidez, la improvisación. En realidad estaba previsto. Es brillante y lo que haga o diga “irá a misa”.
  Del mismo modo, si no eres considerado/a brillante, o aunque solo sea algo inteligente, ya puedes despedirte de que cualquier cosa que hagas sea valorada; en realidad ni se molestarán en comprobar su valor. Lo mejor que puedes esperar es el silencio. ¡Y qué elocuentes son algunos silencios!
  -¿No andas un poco pesimista?
  - ¡Qué va! Soy realista. Mira, algunas personas consideradas brillantes o al menos bastante inteligentes en algunas facetas de la vida, en lo cotidiano, son bastante   cerraditas, pedrusquitas, dependientes, etc.
  − ¡Qué inspirada estás! ¿Te has dopado?
        − ¿Tú también? ¡Vete a freír espárragos! Estas ideas y otras igual de estupendas, como lo de la historia de Simplicia, se me ocurren mientras nado o anadeo (nadar como un pato o ánade) porque ¡llamar nadar a lo que yo hago!.....
−Tú te lo dices todo.
      −Pues sí. Y también digo que me cuesta entender muchas cosas por más que ocurren a mi alrededor cada dos por tres. Por ejemplo, cómo se complican cosas que son sencillísimas solo por no querer verlas, por vagancia o yo no sé por qué. Por lo visto es más cómodo que los demás, los que carecen de brillo, piensen, hagan cálculos, reflexionen y cuando plantean el tema, por principio, poner pegas y luego ya se verá. Ese luego puede ir de unas horas a unos años.
−Tienes razón. Es agotador encontrarse siempre con el mismo panorama. Pero, chica, tendremos que seguir luchando pacíficamente.
-       Hoy, Simplicia ha leído una frase en uno de esos pasatiempos que tiene en......
− ¿Qué vas a decir?
−Nada, lo de la frase.
− ¡Ah!
    -Dice: “Para ser grande hace falta mucho talento, mucha disciplina y mucho trabajo". Rápidamente ha empezado a reflexionar. Un poco más y se monta un ensayo sobre el tema. ¡Allá va!
- Está claro; sin talento no hay nada que hacer. Pero también es cierto que por más talento que haya si no se trabaja y si no se tiene un mínimo de disciplina, el talento se desperdicia. El talento, aunque no sea extraordinario, si se cultiva puede dar para mucho. Hay quien piensa que ser muy inteligente es hacerlo todo a salto de mata y en un  pispás. Pues las personas que son así, creo que más de una vez se equivocan. Creo recordar que  los libros de Filosofía dicen que inteligencia es la capacidad para resolver problemas. Pero en ninguna parte dice que se trate de resolverlos a la velocidad de la luz. Más vale reflexionar, aunque parezca que se ha perdido un tiempo hermosísimo en hacerlo, que correr el riesgo de cometer errores, a veces graves, o de tener que desdecirse.
Cuántas veces, alguien a quien no se le supone demasiado talento, después de mucho reflexionar ha expuesto una idea que ,naturalmente , ha sido rebatida al instante, y tiempo después otro alguien  ha dicho exactamente lo mismo con aires de hablar ex cátedra. Tengo  infinidad de ejemplos. Y me planteo ¿Será posible que alguna vez el ser humano cambie un poquito? Bien es cierto que por suerte no todos son así pero los que hay van por el mundo chafando a los demás que a veces necesitan hacer acopio de todas sus energías mentales para no hundirse en la miseria.
-¿Soy de verdad una Quijote? O ¿debería decir un Quijote? ¡Da igual!
−No creo. Lo que ocurre es que observas y piensas. Piensas por tu cuenta y sacas conclusiones. Y eres realista porque también sabes ver dónde hay una persona con otras características y apreciar su valor o sus valores.
−Tienes razón. Y qué gusto da cuando puedes decir "hoy creo en el ser humano".
−Ya nos hemos salido del tema
−No. Volvemos con otro ejemplo, éste reciente.  Bla,bla,bla…….
-¡Oh, no! Ya se enzarza en otro tema... ¡Uffff! No, no la sigo. Cuándo entra en esa dinámica es mejor esperar. Seguimos con el tema de los brillantes; esto ya es fijación. Ahora recuerda un asunto personal que me prohíbe escribir. Pues es una pena porque tiene su gracia. Pero hay que respetar la intimidad de los demás.
-Lo dicho, de los brillantes líbrenos Dios porque brillan pero no alumbran. Fíjate, por ejemplo en un espejo. Brilla y hasta te deslumbra si lo colocas en determinada posición respecto a una luz. Pero ¿para qué sirven?
−Mujer, sí son útiles. Los retrovisores sin ir más lejos.
−Claro, siempre hay honrosas excepciones. Pero en realidad sólo sirven para devolverte, siempre que haya una luz en su entorno, la imagen y recordarte cada mañana que tienes una cana más, que las patitas de gallo se están convirtiendo en un gallinero, en una palabra que cada día eres más vieja o viejo. “Los espejos, esas cosas terribles “( que como dice Aurora)  “no deberían estar tan a mano”…..
Sin embargo la llamita de una simple vela nos alumbra, nos ayuda a encontrar las cosas o el camino cuando una tormenta nos ha dejado a oscuras.
Las estrellas, brillan en la noche, son una maravilla, adornan el cielo pero las luces de la ciudad las hacen invisibles; y no nos sirven para mucho más. Además no sabemos nada de grandes obras literarias escritas a la luz de las estrellas, que brillan mucho pero no alumbran, y sí a la tenue luz de una vela o de una humilde bombilla colgada del techo.
No todo en esta vida es brillo, relumbrón o adorno, incluso belleza. Hacen falta personas y cosas útiles, capaces de resolver problemas incluso los más sencillos, los más tontos si quieres como darse cuenta de que para que una puerta del tren al que quieres subir se abra hay que pulsar un botón que hay justo a la altura de tus ojos y no que tenga que decirlo quien apenas si llega a la manivela y menos a la altura del botón.
Lo dicho: ¡De los brillantes, libéranos dómine!

(23-6-2016. Sobre un texto anterior más extenso y complejo)

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