Abro este blog con la intención de mantener un ameno diálogo con todo aquel que se acerque a él. Creo que lo más bonito de las relaciones humanas es esa comunicación que consiste en un intercambio de emociones, conocimientos, ideas….Esa comunicación que enriquece el espíritu.

"La relevancia de la comunicación humana, pues del contacto verbal surge un intercambio que aminora el dolor, palía la soledad y estimula el contento de vivir” Carmen Martí Gaite

domingo, 15 de mayo de 2022

 

LAS CAMPANAS

Leer un artículo de Aramburu me ha llevado a recordar las campanas.

 “Yo las amo, yo las oigo…

 Si por siempre enmudecieran,

 ¡qué tristeza en el aire y el cielo!

¡qué silencio en las iglesias!

 ¡Qué extrañeza entre los muertos!

(Rosalía de Castro)

  A los que ya peinamos canas, vivir la infancia en un pueblo nos puso en contacto con objetos y acontecimientos que los niños de hoy no disfrutan, tal vez ni en los pueblos.

  Podría empezar por hablar del lenguaje de las campanas. Hoy lo recuerdo como si estuviera oyendo su sonido avisando de todos los acontecimientos importantes.

  Tilín- tilín, tilín-tilín. Un sonido agudo y alegre que anuncia un bautizo. Se le llamaba repiqueteo y se producía con la campana pequeña. Porque la mayoría de los campanarios tenían campanas de dos o tres tamaños, cada una con su función específica.

  El sonido que avisaba de una boda era algo argénteo. Tan- tan, tan-tan “Son las campanadas de oro/De las bodas! (Alan Poe)

  En las fiestas como sábado de Gloria, Corpus Cristi, Ascensión, Patrona o patrón del lugar, las campanas volteaban. todas a una, quitándose la voz, alocadas, alegres. Tolón- tolón, talán- talán, tilín -tilín.

 “Y a la voz de una campana, siguen las de sus hermanas/Las campanas, /Las campanas, …/En sonoro ritmo de oro, de almo coro, ¡las campanas! (A. Poe)

  A las doce del mediodía llamaban al rezo del ángelus. Era entonces su sonido alegre, invitaba a rezar y a cantar, a descansar unos minutos del trabajo…

Sin embargo, a las once de la noche, la hora de las ánimas, sonaban de forma parecida a los entierros, Taaan, taaan, taaan; un sondo triste y fantasmagórico. También invitaba a la oración. Y al miedo:

 “era la hora…/ en que tal vez la campana/ de alguna arruinada iglesia/da misteriosos sonidos/ de maldición y anatema, /que los sábados convoca/ a las brujas a su fiesta….

(Espronceda. El estudiante de Salamanca)

Asociados estos sones a la noche de difuntos: “La noche de los difuntos me despertó a no sé qué hora el doble de las campanas. Su tañido monótono y eterno…”

 (G.A. Bécquer “El monte de las ánimas”)

“Llama con voz que vacila, /Al entierro!”

 

  Así se las escuchaba en el anuncio de los entierros: Un campanazo, espacio, otro campanazo, espacio, expandiendo con su son una tremenda tristeza. Taaan…taaan…taaan. Luego todo silencio.

“_Criada. - Ya tengo el doble de esas campanas metido en las sienes…”

 (F. García Lorca “La casa de Bernarda Alba” Acto I. en la acotación: se oyen doblar las campanas.

 

“Cuando la campana suene

(si suena en mi funeral),

Una oración al oírla,

¿ quién murmurará?

(G.A. Bécquer)

   Otra función de las campanas era avisar de peligros: incendio, inundación, tormenta peligrosa… Entonces se decía que tocan a rebato ¡tantantantan! Toques rápidos, urgentes…” Con su son de bronce, ronco. / Grito de espanto ante el fuego” “… clama, clama, clama, /… clama pidiendo auxilio” (A. Poe)

  Luego, estaban los toques de llamada a la misa dominical y otros actos religiosos. Tres avisos. Ha dado el primero taan, taan,taan…TAN. Era el momento de ponerse en marcha. Velo, chaqueta o manguitos si era verano y no se debía entrar en la iglesia con manga corta; incluso, a veces, acarrear una silla en la que poder sentarse en los momentos adecuados. Taan, taan, taan…TAN, TAN el segundo toque. Hay que darse prisa no se vaya a quedar una sin el sitio adecuado para ver bien el altar, por ejemplo. Y por fin Taan, taan, taan …TAN, TAN, TAN. El tercer toque te debe coger ya en la iglesia.

  Entre los días que estoy dedicando a pergeñar este texto, se me ha colado el Domingo de Ramos. A primeras horas ya “volteaban “las campanas de la ciudad. Igual que lo hacen cuando la patrona, la virgen de la Fuensanta (pongamos que hablo de Murcia) deja su retiro en el monte y” baja “a vivir unos días entre sus hijos, los murcianos. O luego, regresa a su montaraz hogar.

Varios novelistas escribieron algo en torno a las campanas: Ernest Hemingway:

“Por quién doblan las campanas”

Charles Dickens el cuento “Las campanas “llamado también “Los carillones”

   Se me dirá que he olvidado mucha información interesante sobre las campanas. Me adelanto a responder que sólo he querido plasmar un recuerdo personal y que el resto, ampliamente, se puede encontrar en Internet.

domingo, 1 de mayo de 2022

   

  

AL FIN LA VIDA

 No. Definitivamente es algo que jamás haría. Lo suyo es resistir, no claudicar.

 Recuerda ,mientras contempla la ría, que va a dar al mar, por la que este asciende cuando sube la marea, desde la casa escondite en la costa cantábrica donde se ha refugiado, los momentos de su vida en que, tal vez inconscientemente, estuvo al borde del abismo.

 Por fortuna jamás sucumbió, salió a flote como un corcho arrojado al agua de un estanque, de un pozo, del océano. De cada una de las vueltas de tuerca a que era sometida, se recuperaba, se regeneraba como ave fénix.

 Cuántas personas, piensa, apenas la vida les deja de sonreír se suicidan o al menos se plantean hacerlo. De cualquier sexo y edad.

Ella no, no; aunque hubo un tiempo…, en que corrió ese riesgo. Pero ¡no! ¡no! ¡Jamás! Rechazó la idea. Por varias razones.

 No obstante, el peligro estuvo ahí. Lo tenía fácil, al alcance de la mano. Regenerarse en un vuelo; o cuando al avistar los focos como dos brillantes ojos, del tren que como una enorme serpiente argéntea entraba en la estación, sentía el impulso de abrazarlo, pero se dirigía al coche número 3 dispuesta a seguir con su vida.

  ¿Razones? varias. No dejar a las personas queridas el recuerdo de una suicida a la que incluso, sobre todo al principio, odiarían. Tal vez se sentirían culpables si recapacitaban un poco. ¡Eso no, por favor! También por evitarles ciertas dramáticas imágenes.  ¡No!  no lo merecen. Debe seguir adelante y luchar.

 Por ella misma. ¿Cómo la iban a recordar siempre?  No sería justo, después de tanto luchar, pasar al recuerdo de familiares y amigos como una loca suicida y cobarde.

 Y… algo más que no quiere ya recordar y es lo que la ha llevado a casi huir y esconderse.

  A partir de ahora vivirá sola, lejos de sus seres queridos y no queridos, pero libre, y cual ave fénix salida de sus propias cenizas. Sí, así fue, ha sido, su vida: un incendio del que le ha costado escapar Aquí piensa acabar sus días. Frente a este Cantábrico, valiente y luchador como ella.

Hasta pronto.

viernes, 15 de abril de 2022

 

 

. “Treinta años no es nada”

“Que veinte años no es nada” afirma el tango. Podría decirse que treinta tampoco. He encontrado un texto que escribí en el invierno de 1994 y cual no habrá sido mi sorpresa al comprobar que todo sigue igual. Tanto es así que lo voy a reproducir tal cual o casi

Mientras la humanidad siempre avanzando

No sepa a dó camina…

Habrá poesía

(G. A. Bécquer)

¿Se equivocó Bécquer, se equivocaba?

En efecto, la humanidad hoy no sabe hacia dónde camina; no obstante, no es hacia la poesía, sino hacia la destrucción de los valores humanos, de la naturaleza, del propio hombre; en una palabra. Hacía la autodestrucción más absoluta.

Violencia, falta de sensibilidad, odio, incultura, egoísmo y un largo etcétera que se esconden bajo los nombres de los más hermosos y tradicionales principios.

Bajo conceptos como virilidad, acción…  se enmascara la violencia.

Bajo la bandera del patriotismo, encontramos odio, xenofobia, racismo, crueldad, crimen más o menos organizado e indiscriminado…

Bajo la hermosa denominación de amor, se nos presenta el sexo por el sexo, a veces hasta en sus formas más degradantes…

Bajo el nombre de responsabilidad y sentido común, se enmascaran la cobardía y el deseo de una vida cómoda y muelle. Y un interminable etcétera.

Para completar este cuadro, vivimos en el mayor de los absurdos: guerras que nadie se explica ni entiende; corrupción donde más debería brillar la honradez; posturas contradictorias.

  Mientras por un lado los grandes países europeos quieren unirse en una gran Europa, otros no tan grandes, pretenden la autonomía.

  Mientras obras que son patrimonio de la humanidad se van a pique y/o son aniquiladas, otras que son patrimonio de unos pocos, se salvan…

  Celebramos el día de la mujer trabajadora como un logro del feminismo, no siempre bien entendido, como si en toda su vida la mujer hubiera hecho algo que no fuera trabajar.

  Y para colmo de los absurdos, instituimos el año internacional de la familia ahora que casi no queda familia o algo que se le parezca.

Como dijo Rosalía de Castro “Este barro mortal que envolve o esprito/ ¡quén o entenderá, Señor!”

  Quizá no sea necesario instituir tantos “días de días”, sino actuar de forma distinta.

Estas reflexiones, no son añoranza de un pasado mejor. No. Cualquier tiempo

pasado no fue mejor, salvo en el sentido de ya vivido. Se deben a la observación de mis alrededores. Pienso, únicamente que el mundo podría ser mejor, más hermoso, solo con que los humanos nos lo propusiéramos. Pero, ¿Estamos dispuestos a sacrificar algo por algo o por alguien?

La misma impresión de inmovilidad a que he hecho mención al principio la recibimos al leer a Galdós, o Valle-Inclán, por ejemplo. ¿Qué pensarían o escribirían si levantaran la cabeza?

Efectivamente, no sabemos hacia donde caminamos y necesitamos muchos locos que no prefieran una mascota a un niño, que amen las flores, los animales, a sus iguales, la cultura, los libros…que sean capaces de ver poesía, hasta en el cubo de la basura.

viernes, 1 de abril de 2022

 

Un velero llamado VIDA.

Anclado en recoleto puertecillo. Limpio, radiante. Recogido su níveo velamen.

El nombre los paseantes miran. VIDA. Rojo sobre la albura del casco. ¿Cuál su bandera? Inidentificable. Azul celeste, en el ángulo izquierdo una humilde violeta.

Nadie, la razón de su inmovilidad pregunta. A nadie, la identidad de su dueño interesa .

¡Con soltar amarras, cuántas veces ha soñado! ¡Izar las velas, ¡levar anclas y zarpar! ¡Ponerse al timón sin nadie que le ordene a babor o a estribor! Entre dos azules, dos mares, dos cielos, navegar ¡A toda vela! En su velero llamado VIDA

FIN

Hasta la próxima travesía

martes, 15 de marzo de 2022

   


Autor y lector

  Mi curiosidad hoy gira en torno a la relación escritor -lector. Ando reflexionando acerca de qué pensará un escritor de su posible lector. ¿Lo necesita? ¿Lo ignora? ¿Lo valora?

  Que el autor, de una u otra forma necesita al lector o lo tiene presente cuando escribe parece deducirse, por ejemplo, de los prólogos y dedicatorias de un considerable número de escritores, muchos de ellos de nuestro mundo clásico.

  Mas ¿Qué tipo de lector imagina, desea, necesita? El “desocupado lector” al que se dirige Cervantes en el prólogo a “El Quijote”. O ese virrey de Nápoles que gobierna, lucha, caza y se dará unos momentos de ocio para leer, a quien Garcilaso dedica sus “Églogas” como futuro lector.

  Estas dedicatorias hacen pensar en la literatura con una función únicamente lúdica, de distracción. Esa es la lectura que, tal vez, con frecuencia realizan la mayoría de los lectores.

  ¿Piensa el autor acaso en un lector que simplemente está ahí, casi como una obligación?: si alguien escribe, alguien lee. Por ejemplo, Unamuno cierra el prólogo a San Manuel Bueno Mártir con la frase: Adiós, pues, lector. Y en “La tía Tula:”: PRÓLOGO DEL AUTOR (que puede saltar el lector de novelas).

  Otros autores parece que tienen la necesidad de advertir al posible lector sobre algún detalle tal vez escabroso de su obra. Así Fernando de Rojas en La Celestina;” no quiero maravillarme si esta presente obra ha sido instrumento de lid o contienda a sus lectores para ponerlos en diferencias, dando cada uno sentencias sobre ella a sabor de su voluntad”. palabras que nos llevan a reflexionar sobre la variedad de lectores e interpretaciones que puede tener una obra, no solo literaria, cualquier obra de arte. Más adelante da por sentado que su obra se leerá:” Así que cuando diez personas se juntaren a oír esta comedia…”

  En esta línea se situaría Stendhal en esa “Advertencia” a modo de prólogo que figura en “La cartuja de Parma” donde hace alusión al lector.

  Dejando a un lado estos prólogos, hay infinitos indicios que nos hacen sospechar que el autor piensa en el lector a la hora de escribir. Evidentemente, el poeta sabe que tendrá un reducido número de lectores; a fin de cuentas, la poesía, casi toda, es solo como dijo Juan ramón para “una inmensa minoría”.

  ¿También el pintor pensará en su posible observador? ¿Quizá al elegir un tema, o un formato?

  Tal vez el narrador, sobre todo el novelista sea el que más expuesto está a la opinión, a la respuesta del lector puesto que la novela es, a fin de cuentas, lectura de mayorías.

 "El escritor de narrativa es el más denostado por el público "(entre los artistas) …"y basta con que alguien viva para que se considere una autoridad en la materia" (Flannery O`Connor)

"En la era de la profesionalidad, el oficio de escritor no se considera tal. Porque lo puede ejercer cualquiera." …"El oficio de escritor existe, y es distinto de lo que se suele pensar" Leemos en ESCRIBIRES UN TIC. De Francesco Piccolo

  Parece que hoy, son los lectores los que tienen la última palabra, más allá de los críticos y de la publicidad.

 Recordemos aquí un pasaje de “Niebla” (Cap. XXX, ) Hablan Víctor y Augusto.   Víctor: “El alma de un personaje de drama, de novela o de nivola no tiene más interior que el que le da…−Sí, su autor. −No, el lector. 

O sea que “La novela no la hace el novelista, la hace el lector”

Por tanto: El momento del lector es la hora de la verdad para el texto y para el propio lector.

Parece, pues que el autor piensa en su posible lector. Así Pérez-Reverte  opina  sobre la importancia de que el lector vea lo que el autor ve o imagina. El autor debe convertirse en los ojos del lector, dirá.

 Ian McEwan, en “Expiación” dice de Briony, la protagonista que, a la edad de once años había escrito su primer relato; una tontería…que años más tarde “descubrió estaba desprovisto de ese conocimiento vital de las cosas del mundo que inspira respeto a un lector.” O sea que el autor piensa en ese posible lector al que espera inspirar respeto.

También se platea a través de su protagonista la interpretación que algún lector podría dar de algún personaje “el lector no podía no conjeturar que estaba describiéndose a sí misma”. O sea, teme ciertas gratuitas y aceleradas interpretaciones.

 ¿Se plantea esto gran número de escritores actuales que no solo escriben en primera persona, tan peligrosa en este sentido, sino que trasladan a la novela unos personajes reales absolutamente identificados e identificables? También, hay poetas que aun tratando temas muy íntimos declaran, sin pudor alguno, que son autobiográficos.

 Tal vez, en este orden cosas decía Carmen Martín Gaite que hay que conseguir que en este punto confluyan la autora, el narrador, los personajes y el lector. Esto no significa exactamente que hay que identificar a la autora con un personaje, sino que debe haber una compenetración entre todos.

  Por otra parte, el hecho de que los autores hoy cuenten su porqué ¿no se deberá a que son conscientes de lo mal que se lee? Hoy responden a entrevistas en las que explican ciertos pormenores sobre su obra. Por ejemplo, Pérez-Reverte explicó magníficamente en una de ellas, el origen, el proceso creador…de tal forma que al lector no deberían quedar dudas sobre su significado e interpretación. Ahora bien ¿Quién lee, escucha o se hace eco de estas palabras? ¿?¿?¿? Se han oído comentarios, si no vergonzosos, sí dolorosos.

También Fernando Aramburu, ha explicado en una entrevista a Televisión Española importantes detalles de su novela “Los vencejos”.

  Estos días estamos asistiendo a lo mismo en cuanto a “El castillo de Barbazul” de Javier Cercas.

  Esto no debería ser necesario. Bastaría con que los lectores de cualquier tipo, pusieran algo de interés al leer.

  Así, siguiendo a Laín Entralgo podríamos concluir que el lector que practica una lectura “Diversiva”, o sea, solo con la intención de distraerse, ( a fin de cuentas esta es una de las funciones de la literatura)dentro de su posibilidades debería prestar más atención. No obstante, en este caso, (tal vez no si el lector goza de un cierto nivel) sería perdonable su actitud de leer “por encima”, e interesarse solo del ¿de qué trata?

Otra sería la lectura “convivencial” (correspondiente entre autor lector.) En este caso el lector, tal vez con un cierto nivel intelectual y conocimientos sobre la materia, debería pensar en el autor, intentar comprender su obra, interpretarla con respeto aun con cierta libertad de criterio.

Por último, hay una lectura “perfectiva” (iniciática para el lector que encuentra en la palabra “la morada humana del ser”). Es la lectura del estudioso, del especialista, del que con sus comentarios e interpretación podría dar brillo a la obra, enriquecerla, colaborar con el autor, en cierto modo. A veces, incluso, si fuera posible un coloquio sincero, inteligente y respetuoso, hacerle ver, incluso algo que él no vio.

Y esto sirve para cualquier tipo de creación literaria. Pero, tal vez, también artística.

No obstante, yo me pregunto hasta qué punto es correcto o justo que nos adentremos en la obra de otro y casi la descuarticemos tratando de explicar todo lo que al leerla vemos en ella. Si el escritor no lo vio ¿por qué nosotros sí?

Otrosí, me sigo preguntando: ¿Qué piensa un autor cuando cree que no se ha sabido interpretar su obra? ¿Duda sobre su capacidad a la hora de expresar lo que siente o ha imaginado? ¿Duda, por el contrario, de la capacidad del lector?

O una vez dada su obra a la imprenta, al mundo, ¿intenta no volver sobre ella ni querer saber lo que piensan los lectores?.

¿Podría ocurrir que solo le interesara el volumen de ventas? ¡Sería una pena! Mas no podemos olvidar que el escritor profesional vive de escribir y publicar.

Sin embargo, me gustaría creer que hay más altruismo y vocación creadora que mercantilismo en la literatura, en el arte.

Querría acabar con esta frase que reojo del artículo “Teoría impertinente de la lectura” de Luis García Montero: “Cada lector se ha formado gracias a las palabras de muchos autores, que también llegaron a conocerse a sí mismos cuando organizaron sus palabras, sus ideas y sus sentimientos para establecer un diálogo con sus lectores”


martes, 1 de marzo de 2022

  

Entes de ficción.

Acodados en la balaustrada de la terraza contemplan un espléndido atardecer.

Silencio. Raúl vuelto hacia Elia, le coge la cara entre las manos, se la levanta ligeramente para poder ver sus ojos.

_Elia, perdona. No te enfades ni me abandones al oír esto: Te quiero. Te quiero con toda mi alma desde hace mucho tiempo. He guardado silencio por prudencia y respeto, pero no puedo seguir callando.  Solo te pido que no me abandones.

Elia pone sus manos sobre las de él.

_Creí que no te atreverías jamás. ¿Por qué piensas que accedí a compartir esta casa? ¿Exclusivamente por no envejecer sola? ¿Nunca has sospechado nada? Parece que actúo mejor que tú.

Se miran con ternura y amor. Un amor de madurez, sosegado. Sus ojos se acarician, se besan. Se abrazan. Elia refugia su cara en el pecho de su amado Raúl hasta sentirse sosegada. Luego se vuelven hacia ese atardecer donde cielo y mar se funden, como sus ojos.

_ Es posible. Y ¡Que magnífico atardecer junto a ti! El más hermoso jamás vivido y soñado.

_Estoy pensando, comenta Elia, si no seremos ambos unos entes de ficción.

__Dadas las circunstancias, es posible, contesta Raúl.

Hasta la próxima 


















martes, 15 de febrero de 2022

  

  

Escribir es negocio de particular juicio

“…Escribir es negocio de particular juicio…”

(Fray Luis de León)

   Lo sé, mi admirado y querido maestro y amigo. Sepa vuestra reverencia, que es lo primero que pienso cada vez que me enfrento a la página en blanco, antes folio, ahora la pantalla del ordenador. Pero necesito escribir. Como lo hicieron y hacen y harán tantos otros.

  Es la razón por la cual me propongo reflexionar “por escrito” a cerca de algo que me preocupa cada vez que leo ya sea un poema, una novela, un artículo… ¡da igual!

  Mi pregunta es ¿Cómo se siente un escritor * cuando se instala frente a la página en blanco, ya sea un paquete de folios, una libreta o bloc o la pantalla del ordenador? Con estilográfica, bolígrafo o tecleando.

  He leído que algunos hacen esquemas, confeccionan fichas, toman notas en cuadernos que se multiplican, o pasan días, en aparente vagancia, negociando in mente hasta tener el todo que buscan y entonces ¡a escribir como posesos!

  Imagino que a veces la inspiración tarda en llegar. ¡Apagón creativo! El escritor esperando cuándo surgirá otra vez esa chispa bendita que no deja respirar, que incita a escribir y escribir. Que hace aparecer rostros, manos, labios, ojos, miradas, historias, frases. Quizá de forma un poco alocada, pero, que luego, paulatinamente van tomando forma, van reuniéndose debidamente y lo que fue un puro torbellino de ideas acaba siendo una historia que  atrapa, que no se  puede dejar, que crece y crece, cuando, tal vez, se había pensado que en unas pocas líneas se iba a despachar. Les toma cariño a esos personajes fruto de su fantasía, de sus recuerdos, de sus ilusiones o frustraciones y vive con ellos, llora con ellos, ama con ellos, sufre y /o goza con ellos: quién sabe si mata con ellos o incluso muere con ellos.

En “Los monederos falsos” André Gide, a través de Eduard confiesa su dificultad para inventar y su predisposición a fijarse más en lo que podría ser que en lo que ha sido. Eduard habla del trabajo del novelista, del proceso creador. Él lleva siempre un cuaderno en el que va anotando todo: “el cuaderno. Es el espejo que paseo conmigo. Nada de lo que me sucede cobra existencia hasta que lo veo reflejado en él “¿No evoca esto aquello de” la novela es un espejo a lo largo del camino”? Habla de encontrar más que buscar.

También de Galdós se cuenta que llevaba siempre una libreta o papel donde tomar notas de lo que atraía su atención en la calle…

Pérez-Reverte en “Hombres buenos” inicia los capítulos interrumpiendo la historia principal para explicar el proceso de la creación narrativa. Habla de cómo en sus novelas le gusta cuidar los escenarios porque facilitan el ambiente adecuado para los personajes y la trama. Es importante, por ejemplo, a la hora de establecer los diálogos que el día sea gris o luminoso, que se esté en espacios abiertos o cerrados…De paso va explicando los pasos que siguió para captar los espacios, las situaciones, la información que recabó.

  No puedo menos que recordar aquella rima de Bécquer que explica magníficamente este proceso

Sacudimiento extraño

Que agita las ideas, …

Murmullo que en el alma

Se eleva y va creciendo…

Ideas sin palabras,

Palabras sin sentido; …

Actividad nerviosa…

 ¿Podría ocurrir que lo que iba a ser un cuento, un relato quizá breve que arranca de una simple anécdota, acabe pasando de tema a historia secundaria de un relato extenso, que vaya creciendo hasta acabar en una vida que ocupa más 500 páginas? Que ¿le tenga absorbida la vida y la mente durante meses incluso años a su autor?

  Carmen Martín Gaite, comenta” Tal vez cuando escribimos no somos conscientes de todo lo que estamos volcando en el famoso folio en blanco. Es como lo que decía aquel gran escritor de las cerezas. Empiezas a escribir y sigues, sigues, hasta agotar las ideas, los recuerdos, lo vivido, lo soñado…Una cosa trae otra y así casi hasta el infinito.

  He leído que de algunos escritores podría decirse que solo escribieron una novela porque, una tras otra, repiten el mismo tema o siempre giran en torno a él. ¿será posible? Tal vez sea el caso de las “Sagas”. Por ejemplo “Forsyte Saga” constituida por tres novelas: "El mono blanco" (1921),” La cuchara de plata" ( 1926) y "El canto del cisne" (1928). O no siempre.

 Otra duda. ¿Tienen los escritores problemas a la hora de encontrar el vocablo adecuado, la frase, el adjetivo? Y otra vez Bécquer

“Yo sé un himno gigante y extraño…

Yo quisiera escribirlo, del hombre

Domando el rebelde, mezquino idioma,

Con palabras que fuesen a un tiempo

Suspiros y risas, colores y notas….

  Deseo de domar el idioma, tan hermoso y difícil. Pero ¿cómo extraer esa belleza que encierra? Imagino a cualquier escritor soñando como Bécquer con que sus palabras sean: suspiros, risas, colores, notas; incluso olores, sonidos, miradas, sentimientos… (miedo, arrojo, amor, tristeza…)

  Precisamente Pérez-Reverte inicia su novela “Hombres buenos”, confesando que es muy difícil expresar por escrito lo que se quiere contar, lo que se ha ideado, imaginado, visto. Piensa que lo importante es que el lector vea lo que el autor ve o imagina. El autor debe convertirse en los ojos del lector.

Gide en “Los monederos falsos”: para ser un buen novelista hay que saber escuchar

Carmen Martí Gaite da importancia a la memoria, a la capacidad para  evocar el pasado propio. Considera que, a la hora de construir, de idear personajes e historias, se debe combinar lo observado con lo vivido. Hay que reducirlo todo a un núcleo fundamental: la relación de la persona con los demás. Y, sobre todo, conseguir que en este punto confluyan la autora, el narrador, los personajes y el lector.

Conviene aprovechar todo lo que hay en el cuarto de atrás, escondido, latente.

  Lo imaginado dice, y en este sentido recuerdo lo leído en “Expiación” donde la protagonista que sueña con ser escritora aprendió que la imaginación es una fuente de secretos; que una vez empezada una historia no se la podía contar a nadie. No todos los escritores parece que piensan así. Por ejemplo, Carmen Martín Gaite siempre ha confesado tener la necesidad del interlocutor, de contar lo que imagina y piensa. Y algo parecido dice García Montero en “Las palabras rotas” que escribir es cuidar las palabras pensando en el otro, o sea en el lector; o preparar una habitación pensando en ese otro que la ocupará.

Está claro que cada escritor, como cada ser humano, es un mudo.

  Siguiendo con la construcción del relato, también en “Expiación” se aportan ideas importantes como que es posible construir un mundo en cinco páginas; o expresar el hecho de enamorarse con solo una palabra “mirada”. (¡qué importancia tienen las miradas en “Sidi” de Pérez-Reverte!) Se puede hacer que una crisis en la vida de una heroína coincida con una granizada, un vendaval, una tormenta… Hoy, con la aparición del microrrelato puede ser fácil.

 La naturaleza, a veces, puede jugar un papel simbólico en este sentido como  las nubes en “Nubosidad variable”

   Otra idea que me inquieta. ¿De dónde surgen los personajes? ¿Cómo consigue el escritor, no solo adentrase en sus sentimientos sino también la imagen necesaria, exacta para describirlos?

  Con frecuencia el carácter y el aspecto físico de los personajes parecen coincidir. No es que los bondadosos sean hermosos y los malvados feos, necesariamente; pero tal vez sí hay que buscarles unas facciones determinadas, una mirada, incluso una voz. ¿Surge con facilidad o es una ardua tarea? ¿Primero les ve el alma y luego les busca la apariencia física?

 No sé por qué razón me inclino por esto último. Quiero pensar que el escritor ha imaginado un personaje con un carácter, y a partir de ahí intenta, necesita darle una realidad física, una imagen. Es decir, completar al personaje. Lo imagino observando en su entorno entre personas que ve en la calle, actores, personajes televisivos etc. hasta encontrar los ojos, las manos, la sonrisa, la mirada, la estatura que necesita.  Quizá muchos personajes tienen un clon real.

Recuerdo haber leído que muchos de los personajes de Galdós recuerdan a alguien real. Por ejemplo, el ciego de “Misericordia” existía. Y en cuanto a la relación aspecto físico y carácter se dice que ese lobulillo que Benigna, la protagonista de Misericordia, tiene en la frente pude recordar la espina con que las estampitas religiosas representa a Sana Rita, por aquello de su bondad, algo que también concuerda con el nombre.

 En otro Pérez, en este caso Reverte, en “La piel del tambor” había un personaje que parecía calcado de Mario Conde y otro que se peinaba igual que Anasagasti.

 André Gide” en “Los monederos falsos! a través de Eduard, el protagonista novelista, dice en lo que a la creación de los personajes se refiere que cuando un novelista los describe con demasiada meticulosidad está trabando la imaginación del lector al que habría que dejar que se los figure como quiera. Es en la imaginación del lector donde debe conseguirse la precisión, solo a través de dos o tres rasgos colocados donde convenga. Podríamos agregar, colocados con maestría. Esa es precisamente la magia de la literatura, del texto escrito, sobre la imagen, cine y televisión, que nos permite también a nosotros crear.

 Vuelve Eduard a los personajes de los que dice que él nunca los buscó, que le salieron al encuentro y que una vez que están ahí el novelista se debe a ellos. Este detalle me llama poderosamente la atención.

También Almudena Grandes, cuenta que la protagonista de “Inés y la alegría” la encontró a ella.

Tal vez a Galdós también lo encontraban y quién sabe a cuántos más.

 Por su parte Carmen Martín Gaite en algún momento se lamenta de que en una novela hay muchos personajes, y hay que armonizar la versión de cada uno con la de los demás.

  En “Expiación” Briony, creía saber describir bastante bien las acciones, poseer el tranquillo del diálogo y poder hablar de los bosques en invierno, y del siniestro muro de un castillo. Pero se plantea cómo hablar de sentimientos …, cómo describir la tristeza misma, cómo pintar el alma de tal manera que se sienta su cercanía enervante.

  Puede ser este uno de los grandes problemas de cualquier escritor: penetrar en el alma, en los sueños, los sentimientos, de sus personajes.

  Y en cuanto a los nombres, incluso los apellidos ¿Cómo llegan o se buscan? Porque a veces los nombres de algunos personajes parecen simbólicos o al menos motivados. Ocurre con frecuencia en Galdós.

A veces son, casi una parodia del personaje. Por ejemplo, que una prostituta se llame Purita, un seminarista Cojoncio Alba; Max Estrella; que al protagonista de El Lazarillo todos le llamen Lázaro por ser criado de un ciego, o Bernarda (con fuerza de oso). Angustias, Magdalena, Martirio, Amelia (sin miel) o Adela (nobleza) y un larguísimo etcétera.

  Quizá una consecuencia del mundo de los personajes es la facilidad con que el lector va a intuir, sospechar, que hay mucho del autor en ellos. Por ejemplo, la niña-escritora de Expiación se platea que, al describir la debilidad de un personaje, es inevitable exponer la suya propia; que el lector casi no podrá evitar conjeturar que estaba describiéndose a sí misma. Nada más cierto. Parece inevitable que el lector piense indefectiblemente que tal personaje es el propio autor, que lo que cuenta es su vida, que está exponiendo sus vivencias incluso las más íntimas, incluso, aunque no use la primera persona. O sea que está haciendo estriptis literario. Parece, pero no es, al menos siempre, cierto.

  Otro tema interesante o digno de tratar es la dificultad que supone la creación del diálogo. Es a través de los diálogos como con frecuencia conocemos definitivamente a los personajes, su alma, su carácter…Pueden constituir la red que va uniendo los momentos y las historias.

 Recordemos como Galdós reconocía haber tomado cariño a este nuevo tipo de novela que introduce en su estructura el diálogo. Quizá fue el afán de realismo y objetividad lo que llevó a D. Benito al empleo del diálogo como total estructura novelesca.

  Pensemos en la importancia del diálogo en la novela de Carme Martín Gaite (    enlazar tiempos,  ir enganchando recuerdos unos en otros le gusta hacerlo no mediante la escueta narración sino a través del diálogo) y en las de Pérez-Reverte, por ejemplo. Y sin olvidar El Quijote.

  Además, el diálogo confiere dinamismo, agilidad, al relato. No en exceso, no se trata de un diálogo teatral sino ese en que los personajes se descubren, en que, a veces cuentan parte de su vida, en que confiesan sus sentimientos: amor, miedo, tristeza, aficiones…O unos hablan de otros dándolos a conocer.

En efecto debe entrañar una gran dificultad, por ejemplo, escribir un diálogo amoroso, o una terrible discusión.

  Nos queda, desentrañar la tarea última del escritor tras haber convertido en relato, novela, cuento, poema…todo lo que bullía en su mente.

   Pérez Reverte en “Hombres buenos”, tras habernos dado una auténtica lección teórico-`práctica de cómo se debe enfocar la redacción de una novela. habla, del trabajo posterior a la documentación y escritura, más o menos espontánea, el de escribir definitivamente la historia. Leerla y releerla, corregir y volver a corregir, hasta estar convencido de que eso es lo que quería hacer y que está bien hecho.

Esa es la cuestión. Releer, corregir. Dice García Montero en “Un velero Bergantín” que hay que releer, incluso en voz alta hasta estar convencidos de suena bien, que se entiende, que gusta…

  El pintor Gordillo dice que un cuadro terminado que te guste es un amor que acaba de nacer. Algo así será para el escritor que acaba una novela, un cuento, un poema…

Es además la confesión de grandes escritores, quizá más frecuente entre los poetas.

  Que muchos escritores lo han hecho se puede comprobar cuando vemos que hay tachones en los manuscritos, que existen dos versiones de un mismo verso, etc. Por ejemplo en el soneto XXIII de Garcilaso la versión más frecuente es “Con clara luz la tempestad serena” pero se ha encontrado también “enciende el corazón y lo refrena “ (en biblioteca virtual cervantes)

 No solo en la literatura. Este repasar, corregir y volver a corregir también se da en la pintura. Es, tal vez, la razón por la que, al estudiar un lienzo, al ir a restaurarlo…aparezcan los palimpsestos.

  En una entrevista el pintor Gordillo confiesa que retoca hasta la saciedad cada cuadro, y llega un momento en que le dice “o te acabo o me acabas”.  

¿Es frecuente hoy, en la era de las prisas y la velocidad, en que hay escritores noveles que escriben una novela en un mes y que dejan para el editor la corrección?

 Y como colofón. ¿Qué es escribir para un escritor?: una especie de vuelo, una forma asequible de vuelo, de imaginación, de antojo.

Para Carmen martí Gaite:" No hay mejor tabla de salvación que la pluma…” Y

 algo así como que a veces se escribe porque no se tiene con quien hablar. No es necesario tomar al pie de la letra ese no tener con quien hablar. Lo que ocurre, a veces, es que no tenemos con quien intercambiar ideas…ilusiones, etc.

Y como parece que dijo Espronceda “escribo en mi loco desvarío/ sin ton ni son, y para gusto mío”

He oído decir: escribo para que me quieran mis amigos (más o menos)

  Quizá como final cabría recordar lo importante que la forma es en una obra literaria. en Estatuas con palomas Luis Goytisolo expone haber descubierto que la piedra de toque de la escritura residía, no en lo que se contaba -la intriga, la anécdota, el argumento-, por muy correctamente que estuviera escrito, sino en la forma en que lo contaba.

*Escribo escritor y lector en sentido genérico y no voy a utilizar la fórmula moderna de escritor/a; lector/a.

También he de hacer constar que cuando hablo de escritor me refiero a la persona que tiene escribir como profesión, o que aun compartiendo esta con otra, escribe con la intención de publicar, vender.

Pd. En otro momento hablaremos de la relación autor-lector-