Abro este blog con la intención de mantener un ameno diálogo con todo aquel que se acerque a él. Creo que lo más bonito de las relaciones humanas es esa comunicación que consiste en un intercambio de emociones, conocimientos, ideas….Esa comunicación que enriquece el espíritu.

"La relevancia de la comunicación humana, pues del contacto verbal surge un intercambio que aminora el dolor, palía la soledad y estimula el contento de vivir” Carmen Martí Gaite

sábado, 15 de abril de 2017

Días de…..


  ¡“Santo Dios…para de aquí en adelante …..,líbrame de ……y de días de días!”

(Larra)
  Cuando se aproximaba el ocho de marzo pensé escribir algo sobre ese día ,pero circunstancias que no vienen al caso me retrasaron la tarea y hoy prefiero hablar de la infinidad de “días de…” que existen.
   No he podido evitar el recuerdo de la frase de Mariano José de Larra, aunque el autor no se refería en aquel momento a esta clase de días. No obstante pienso que diría algo parecido, o lo mismo, en las circunstancias a las que me voy a referir.
   A lo largo de nuestra Historia, hemos celebrado, aparte de los días personales de cada cual, bastantes para hacerlo  en conjunto, casi todos relacionados con la religión católica. Así el 6 de enero los Reyes magos; fiestas móviles como Jueves y Viernes Santo, la Ascensión y El corpus Christi. El 16 de julio a Virgen del Carmen patrona de los marineros; el 25 Santiago apóstol patrón de España; 15 de agosto la Asunción de Nuestra Señora; 1 y 2 de noviembre: Todos los Santos y las ánimas benditas. Y, por fin en diciembre, el 8 la Inmaculada Concepción (curiosamente ,el día de la madre empezó a celebrarse en esta fecha; alguien debió pensar que no encajaba muy bien y se trasladó al primer domingo de mayo) y el 25 la natividad de Cristo. Todas estas fiestas tenían carácter oficial. Hoy muchas de ellas han perdido ese carácter o solo se celebran en algunos lugares por motivos tradicionales.
  Estaban, por otro lado, las fiestas, también oficiales, de carácter histórico o político. Así el 1 de abril, día de la victoria (fecha en que Franco dio el  parte en que decía “la guerra ha terminado”. El 18 de julio, día del alzamiento Nacional Doce de octubre, coincidiendo con la festividad de la virgen del Pilar patrona de España se instauró el Día de la raza, de la Hispanidad, en que se conmemoraba el descubrimiento de américa e inicio de la conquista; Hoy simplemente día del Pilar.
   Como es natural, muchas de  estas fiestas y sus denominaciones han dejado de existir.
   Pero, tal vez el ser humano necesita tener fechas concretas para recordar algo o a alguien (el uno de noviembre sigue siendo festivo y hoy es “de los difuntos”) lo que ha dado lugar a la constante aparición de nuevos días que celebrar, aunque no sean vacacionales. Y no solo en nuestro país donde, por razones obvias surgió el Día de la Constitución ( 6 de diciembre, que trae sus problemas al estar tan próximo a la Inmaculada), sino en casi todo el universo. Ahora tenemos innumerables días mundiales o universales de tantas cosas que deben celebrarse varios en el mismo día. Por ejemplo, hoy 21 de marzo he oído que es el día de la poesía, del síndrome de Down, de los bosques y de la felicidad.
  Son tantos los “días universales, mundiales o particulares que existen que es imposible recordarlos todos. Pero ya se encargan los Medios de Comunicación de que no los olvidemos. Y si no, nos abordaran por la calle con banderitas, lacitos etc.
  Los más sonados son el día de la mujer (8 de marzo) y el día del trabajo (1 de mayo. Una curiosidad: aquí, y no sé si en algún otro país, empezó llamándose de S. José obrero.).
 Otras de estas celebraciones surgieron según los malpensantes, por motivos comerciales. Así el día del padre, de la madre, de los enamorados y desde hace algunos años, el de los abuelos (26 de julio). Otra curiosidad: el otro día oí decir a alguien en la SER que dado el nuevo carácter de las familias debería sustituirse el del padre por el de la familia. Lo que no sé es si incluirá ese cambio a la madre y los abuelos.
  Por si no teníamos bastante con tantas fechas y días, ahora se agregan las conmemoraciones de todos los desastres naturales (terremotos, inundaciones, etc.) más de los atentados de toda clase y accidentes mortales (donde haya numerosas víctimas) con sus víctimas directas o familiares (viudas, huérfanos, doloridos padres). Estas conmemoraciones rayan el mal gusto y la desconsideración hacia personas que necesitan olvidar o, en todo caso, vivir su tragedia y dolor en la intimidad y a su modo. Este constante hurgar en las heridas ajenas parece muy del gusto de los Medios de Comunicación. ¿Será que no son capaces de encontrar noticias? Por otro lado, ese recrear los ataques terroristas con toda suerte de detalles, no creo que sea conveniente por muchos y diversos aspectos, entre otros el dar el gustazo a sus causantes de seguir viendo sufrir al mundo por sus acciones.
 Hecho este, quizá demasiado amplio, preámbulo me voy a centrar en el Día de la mujer que se quedó pergeñado y, tal vez, sea oportuno recuperar.

  Ocho de marzo, “Día de la mujer.
  En este mes nos toca volver a escuchar y leer la ya conocidísima historia de las mujeres de la fábrica, que…Se empeñan en que celebremos el día de la mujer como si no fueran nuestros todos los días desde que amanece hasta bastante después de ponerse el sol; nuestros para realizarnos como amas de casa, esposas, madres, trabajadoras asistentas, funcionarias, médicos, etc. etc.) y todo al mismo tiempo gracias a algún cráneo privilegiado que decidió “liberar” a la mujer.
(pensado y escrito en el 93) ¿Hemos cambiado mucho? ¡NO!
   Este del 8 de marzo, en España es relativamente reciente y empezó conociéndose como de la mujer trabajadora.
  Este día tiene su historia y, como es natural, me he ido a Internet en busca de un poquito de información para que este texto no peque de excesivamente personal y, por tanto, subjetivo. Así, empezaré por un brevísimo repaso histórico.
  El Día Internacional de la Mujer Trabajadora, llamado hoy Día Internacional de la Mujer, conmemora la lucha de la mujer por conseguir  igualdad con el hombre, en la sociedad y en su desarrollo íntegro como persona.
   Como es sabido la primera celebración de este día tuvo lugar el 19 de marzo de 1911 en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza. A partir de ahí se fue extendiendo por numerosos países.
  Todo empezó por la muerte de muchas mujeres en el incendio de una fábrica, lo que descubrió en qué nefastas condiciones trabajaban. Pero “no perdamos la perspectiva”. Si el accidente hubiera acabado con una mujer solamente, su familia la habría llorado, algunos vecinos la habrían alabado y todo habría seguido igual. Pero fueron muchas, y eso es lo que importa y sigue importando. Si una madre pierde un hijo a causa de un infarto, un accidente del tipo que sea, etc. Llorará su pena sola; recibirá unas palmaditas en la espalda de vecinas y amigas y, como mucho, si su situación económica se lo permite acudirá a un psicólogo. Pero pongamos que se produce un accidente múltiple con decenas de muertos. Entonces el mundo se moviliza, se conmueve, los familiares reciben ayuda psicológica y orientación para exigir responsabilidades, etc. Conclusión: necesitamos que ocurra un hecho grandioso, estremecedor y multitudinario para darnos cuenta de que algo va mal y hay que ponerle solución. Con todo, tendríamos que acogernos al refrán “no hay mal que por bien no venga”
   Aquel accidente movió los cimientos de la vida de la mujer, que a partir de ahí empezó a cambiar. Eso sí, muy despacito y aún hoy queda mucho por hacer.
   No se limitaron los cambios a intentar que la mujer trabajara en condiciones más dignas, o que recibiera más consideración social. En 1910, tuvo lugar  la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas , en Copenhague. Allí  se reiteró la demanda de sufragio universal para todas las mujeres y, a propuesta de Clara Zetkin, se proclamó el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora
   En un artículo de Concepción Arenal leemos que en  España, a partir de ese 8 de marzo la mujer pudo acceder a la Enseñanza Superior en igualdad de condiciones que el hombre, aprobándose  una real orden por la que se autorizaba  “por igual la matrícula de alumnos y alumnas” . No obstante, cabe recordar, según la articulista, que ya hubo   pioneras que a finales del siglo XIX habían comenzado a ir a la Universidad pues no existía ninguna ley en contra. Y no existía por la simple razón de que nadie había pensado, jamás, que una mujer quisiera estudiar y, mucho menos, que lo necesitara para ser una buena madre y esposa.
  Pero no pensemos que la mujer antes de estas fechas no se había movido, Lo que ocurre es que quien escribía sobre ella eran los hombres, razón por la cual no nos han llegado hasta tiempos bastante recientes, sus acciones, movilizaciones, etc. Sin ir más lejos la historia nos ha descubierto la existencia de algunas figuras femeninas bien literarias, bien reales, claras y dignas predecesoras de los movimientos feministas. Una es la protagonista de Lisístrata de Aristófanes (siglo V a.C.) que organiza una huelga sexual contra los hombres para forzarlos a poner fin a la guerra. Pues, se me ocurre que tal vez sería una buena forma para conseguir algo de nuestros hombrecitos. Claro que tal como están las cosas hoy no parece muy aconsejable. También he oído que hay una obra,  creo que de teatro ,en la que se dice o sugiere, que ante aquella huelga los guerrero cambiaron sus gustos y orientación sexual. Otra es real. Se trata de Hipatia de Alejandría, matemática y astrónoma (370-415) que sería el paradigma de la mujer científica, intelectual en general diría yo, y libre. Icono de la libertad de pensamiento y la autonomía personal de la mujer. No obstante, no olvidemos que fue brutalmente asesinada.

   Decíamos que aún queda mucho por hacer. En este sentido María R. Sahuquillo en El País, el 8 de marzo de 2016 escribía: “ Y este 2016 todavía hay poco que celebrar, pero mucho que reclamar: el fin de la discriminación, que se erradiquen las violencias machistas, que se alcance la igualdad salarial, la universalización de los cuidados, la libre elección...”
  “La libre elección”. Este es un punto muy interesante. Porque veamos ¿Es totalmente libe la mujer de elegir lo que, tal vez, solo a ella corresponde elegir? Creo que no. Al menos no la inmensa mayoría. De momento estamos hartos de ver que tras los casos de muertes por violencia de género hay un deseo de la mujer de romper la relación de pareja, incluso noviazgo incipiente, o el deseo de divorciarse. Cuando es el hombre quie desea romper, rompe y “ahí te quedas”
  Esto de la libre elección también tiene mucho que ver con el trabajo de la mujer. Me he preguntado con frecuencia qué idea del trabajo de la mujer tienen algunas de las personas que tanto empeño ponen en esta celebración.
  He conocido mujeres no “liberadas” que trabajaban limpiando casas, o en lo que saliera, a escondidas de los maridos, para dar de comer a sus hijos, no para realizarse limpiando las suciedades de otros/as. ¿Seguro que aquellas mujeres no habrían proferido un salario digno para el hombre y ser una madre en casa cuidando de sus hijos? Y no por el gusto de” ser mantenidas”, sino porque se sentían madres que tampoco es tan denigrante.
  Toda la vida (y aún quedan, aunque por fortuna con algunos cambios) las mujeres del campo y la huerta trabajaban lo suyo. La mujer, era la primera en levantarse, antes de que la rosada aurora hiciera su aparición por los balcones de la Mancha y de todo el orbe , calentaba agua para que el marido se lavara, preparaba el desayuno, le hacía el almuerzo y se lo envolvía en papel de estraza y, tal vez una servilleta, para el tentempié de media mañana. Luego ella se quedaba arreglando la casa, cuidando niños, haciendo la comida, lavando, a veces en el río y un largo etcétera. Al medio día ponía en un cesto la comida, el pan y la bota del vino y se daba una buena caminata para llevárselo al marido. Mientras este comía, ella, tras tomar un bocado de pan, se dedicaba a cortar hierba que luego acarreaba a la casa para el alimento de las gallinas, conejos o un cerdo. Después zurcir calcetines y otros rotos de la ropa familiar, planchar, siempre sin perder de vista a los críos y ¿quién sabe si no también algún abuelo? Y la cena, y fregar los cacharros y cualquier cosa que supusiera dar gusto al hombre y resto de la familia. ¿Qué le quedaba a esta mujer? Desde luego no tenía ayuda, no iba a la peluquería, ni al gimnasio, ni al cine, ni, ni ,ni.
  ¿Esta no era una mujer trabajadora? 
  Y otra cosa ¿Es hoy más libre la mujer que entonces?
  Aún en relación con el hecho de la libre elección, el 8 de marzo de 1993, escribía en la página TRIBUNA LIBRE del periódico LA OPINIÓN, Elena Palao Puche, responsable del departamento Regional de la Mujer, un artículo titulado “La maternidad: un freno en la promoción de las mujeres”. Un tema que aún no se ha solucionado debidamente. Dice Palao que al incorporarse la mujer al mercado laboral se ve abocada, en un principio a una doble jornada: la laboral y la doméstica. ¡Si muchas mujeres de las que se incorporaron al trabajo fuera de casa allá por los sesenta, hablaran! Y qué dirían respecto a lo de tener que atender también las responsabilidades de la maternidad. Qué gracia. Dice la autora que “las abuelas son el servicio de guardería más extendido en nuestro país. “Yo le podría asegurar que anteriormente a esa fecha, algunas mujeres ni tenían abuelas a las que recurrir y se tenían que dejar la mitad del sueldo en que personas ajenas a la familia cuidaran de sus hijos, porque salía más económico que dejar de trabajar. Pero lo más gracioso es que en 2017 siguen siendo muchas abuelas quienes cuidan y crían a los nietos. Se me argumentará que la crisis y yo contestaré sí, pero una crisis de comportamientos. Las abuelas, esas mujeres que, por la época en que vivieron, no son consideradas trabajadoras, aunque algunas ya lo fueran, y ahora mayores, jubiladas, no pueden algunas ni inscribirse en un viaje del INSERSO porque ¿qué hacemos con los niños si tú te vas de viaje? No tienen derechos.
  Habla de como el embarazo de la mujer influye negativamente en la renovación de los contratos. Parece que en ese aspecto no se ha avanzado demasiado.
  Me ha llamado la atención el comentario en torno a los tres años de excedencia que en aquel momento preveía la ley para cuidar de los hijos pues dice que al no estar retribuida ni tener garantizada la mujer la reserva del puesto de trabajo “no interesaba a las madres y menos aún a los padres” acogerse a este beneficio Parece, pues, que la tan cacareada liberación de la mujer no estaba muy clara. ¿Era liberación o intereses creados y no precisamente a favor de ella?
   Sigue la autora pidiendo ciertos derechos, algunos de los cuales creo que se van consiguiendo y también habla de la responsabilidad de la paternidad. En este aspecto tengo la impresión de se ha avanzado algo más. Yo, como soy muy mayor, no gocé de ninguno de esos derechos, pero lo veo en hijas, amigas más jóvenes y en general.
  En otro orden de cosas habría que incidir en el tema tan de actualidad de todas las acciones relacionadas con la violencia de género: “el acoso” “el maltrato”, etc.
   El otro día, comentaba yo con otra mujer, que está claro que lo que se está haciendo no da resultados positivos, por tanto habría que cambiar de estrategia. Que esto de soliviantar a la mujer  sin haber educado antes al hombre no solo no tiene sentido sino que está dando resultados nefastos, Que se ha querido conseguir la liberación y la igualdad de la mujer por medio de la revolución y que sabido es que las revoluciones, menos la de “lo claveles”, son sangrientas. Pues me contestó que hay que seguir así y ser aún más duros que esas muertes de mujeres son “daños colaterales necesarios”. Francamente se me eriza el bello de pensar que hay quien piensa así. Y más que sean mujeres. Yo creo más en la educación y en el hacer las cosas con tiento y poquito a poco. No me parecen oportunos esos eslóganes que dicen “no se lo consientas” “Denuncia” etc. Así creo que no vamos a conseguir nada. Creo que mujeres de todos los tiempos han logrado mucho más con inteligencia y buenas “armas de mujer” (entiéndase esta frase en buen sentido) que estas modernas con la rebeldía a vueltas. Creo recordar que en la Biblia, en alguna parte dice que la mujer ha de ser “cándida como paloma y astuta como serpiente”. Tal vez este sea mejor camino.
  Otro tema que no querría pasar por alto es como, a veces el mayor enemigo de las mujeres son las otras mujeres. Oímos, a veces, como son peores las jefas que los jefes. Son más intransigentes, duras, menos comprensivas ante los problemas de la maternidad, por ejemplo.
 Con todo lo dicho, a  veces se plantea una si no habría que mandar a paseo tanta parafernalia y palabrería.
Quizá habría que empezar a preguntarse:
  ¿Por qué se lanzó la mujer a trabajar fuera de casa? ¿Para realizarse o para aportar un sueldo que permita vivir con más dignidad o comodidad al resto de la familia?
 ¿Es que una mujer se realiza más picando en una mina que cuidando a sus hijos?
 ¿No caeremos o estaremos cayendo en el error de copiar actitudes masculinas que posiblemente no honren a la mujer?
¿Hasta dónde quiere llegar la mujer?
¿No se corre el riesgo de perder lo más positivo de ser mujer?
¿No hace la mujer hoy muchas cosas so pretexto de igualdad de derechos, que no son más que una muestra encubierta de sometimiento a los caprichos del hombre?
¿Por qué no comparten los hombres las tareas de casa? ¿Por qué sus mamás no los enseñan? ¿Por qué sus mujeres los consideran torpes y manazas? ¿Porque se hacen los torpes que es más cómodo?
¿Por qué cuando un niño está enfermo falta la mamá al trabajo todo el tiempo que sea necesario en lugar de repartirse las faltas papá y mamá?
Por qué, por qué, por qué …y así eternamente porque cada pregunta acarrearía otra y otra y puede tener varias respuestas porque hay HOMBRES y hombres, como hay MUJERES y mujeres frieguen o no los platos, aporten o no un sueldo a la familia…
Para terminar un recuerdo para una mujer que nos acaba de dejar y nos deja un vacío: Carmen Chacón.

¿Algún comentario? Gracias.

viernes, 31 de marzo de 2017

REGRESO


   Esta mañana ha vuelto a encontrar la tapa del váter levantada. Ha respirado aliviada. ¡Ha vuelto! Ha abierto con sigilo la puerta de su cuarto. Duerme. Parece que por allí pasó un huracán.
   Cada vez que se va cree que ya está acostumbrada, que no va a sufrir. Todos los años la misma situación. _ ¿Dónde vas este año, hija? _ Al Himalaya. _ ¿No hay nada más lejos? _ ¡Mamá!- Sí, ya sé, pero Lanzarote está más cerca y también te gustaría. _ Eso cuando sea mayor. _Vieja, querrás decir. _Vale.
  Se va y siempre vuelve, que es lo que importa, cargada de vida, feliz. 

  ¿Algún comentario? 

domingo, 19 de marzo de 2017

Día del padre


  Otra vez andamos a vueltas con uno de esos días que alguien decidió destacar en el calendario para homenajear a alguien o algo. Algunos malpensados dicen que todo esto es invento del Corte Inglés para vender más. Desde luego sea esa o no la intención, venden. Lo malo es que ahora la publicidad invita a gastar demasiado dinero, ya no basta, según algún slogan, con un pequeño detalle al alcance de la hucha de los niños/as, o el inocente dibujo hecho en el cole, sino un ordenador como mínimo.
  En fin, lo importante es que, aunque esta sea tarea de todos los días, uno en particular hagamos un pequeño o gran homenaje al padre esté vivo o no. 
  Bien es cierto que, como de todo hay en la viña del Señor, también entre los padres los hay más o menos merecedores de homenajes especiales. Pero en tanto que son padres algo bueno habrán hecho.
   Yo conocí uno que estudió cuidando las cabras de un pariente; que fue autodidacta en casi todo; nunca molestó a nadie con peticiones ni lloriqueos. Supo resolver sus problemas, y tuvo muchos, completamente solo. Dio buenos consejos y fue, o lo pretendió, justo y casi siempre supo reconocer sus errores, Nunca se sintió el ombligo del mundo, aunque en algún momento pensara que la razón era solo suya.
A él en especial mi homenaje de hoy.

lunes, 20 de febrero de 2017

Mientras recojo mi destino


Mientras recojo mi destino del frío suelo de la cocina, para que se enteren de que me he marchado.
  Va pensando mientras recoge todas sus cosas, hasta las más insignificantes. Se va para siempre. Sólo volverá de visita. No se marcha embargada por odio, ni resentimiento. Se va porque ha llegado la hora, le pese a quien le pese.
  Siempre tuvo muy claras las ideas acerca de sus obligaciones como hija, que ha cumplido con creces-. Pero hasta esas obligaciones tienen un límite y ese límite ha llegado
  Salió la primera vez, como de puntillas. Apenas acabada la carrera encontró trabajo en un pueblecito encantador a unos 300 kilómetros de casa de sus padres. Fue, como le dijo una buena amiga, providencial.
Surgió por casualidad.
- Me han ofrecido trabajo, en un colegio de C. Yo no me voy a ir porque aquí está mi novio y queremos encontrar algo juntos, pero es ideal para ti. Estás soltera, no tienes novio y necesitas salir de tu casa, lo sabes muy bien.
-Gracias, me salvas la vida.
  No lo pensó dos veces. Sus padres, de momento, no se opusieron porque pensaron que al día siguiente habría cambiado de opinión. ¿Dónde iba a ir  sola, tan pavita, tan poquita cosa, tan indecisa...? Es lo que pensaban de ella porque así es como habían procurado hacerla. Pero qué lejos estaban de saber, que de lo que ellos habían querido hacer a lo que había realmente en aquella desconocida que iba a ser desde ahora su hija, había un abismo.
  Se informó sobre el lugar en uno de esos diccionarios enciclopédicos en los que se encontraba todo lo habido y por haber, como hoy en Internet. Todo lo que allí decía era -formidable: un pueblecito en medio de la sierra, con paisajes espectaculares, con ruinas de castillos medievales, al que se llamaba “la Suiza andaluza”.
  Me voy, se dijo. Al día siguiente escribió pidiendo información. La respuesta fue el aviso de una conferencia telefónica. Le hablaba el que iba a ser el director del colegio. ¿Qué asignaturas podía impartir? - Todas las de Letras, ¡Qué atrevimiento! Sabidas las condiciones dijo que le mandaran el contrato para firmarlo y que le buscaran alojamiento.
  Cuando su padre vio que la cosa iba en serio intentó convencerla -no necesitas irte, aquí también encontrarías trabajo y si no, entre tanto no pasa nada. Efectivamente no pasa nada, pensó. Sólo que sigo siendo la chacha a cambio de la comida, que no tengo dinero ni para unos zapatos por temporada, un lápiz de labios y un largo etcétera, sin hablar del preciado y ansiado tesoro de la libertad. Mientras esto pensaba contestó que ya había dado su palabra y eso es algo serio. Vamos, que se va.
  Su padre no insistió más. Al comentarlo con los amigos le aconsejaron por unanimidad que la dejara ir, porque le convenía foguearse. ¿Sabían lo que querían decir? Porque foguear según el diccionario significa, entre otras cosas esto, que es lo que más se aproxima a la situación, acostumbrar a alguien a las penalidades y trabajos de un estado u ocupación. También, así en forma reflexiva, habituarse, avezarse. Quizá a esto se referían. ¿O dijeron desfogarse que es algo así como desahogarse? Debe ser lo segundo ¡Qué más da! El caso es que a las dos o tres horas de haber leído la tesina, salió de casa con la maleta llena de ilusiones y un contrato bajo el brazo.
  A primera hora de la tarde. Ella con su bolso y su maletín de la máquina de escribir y su padre con la maleta. Su madre, como era de esperar, montó el número. En la escalera llorando como si se la llevaran a la guerra. Las vecinas ayudándola_ hacedle una tila_ dijo el padre sin querer ni mirar. Ella corría escaleras abajo. El corazón le brincaba en el pecho y solo le faltaba cantar aquello que más tarde se escuchó tanto “libertad, libertad…”
   Antes, hubo sus diferencias entre ella y su padre acerca del medio de transporte. Ella, que tenía sus ahorrillos, quería ir hasta Granada en el TER y de allí al pueblo en autobús. El padre dijo que no eran ellos gente de TER, que eso era muy elegante y caro. Decidió que había que ir en un tren-correo, en tercera (asientos de madera en los que se sentaban por lo menos seis personas, salvo que con un poco de suerte no se llenara el tren) que llegaba a Chinchilla o a Alcázar de S. Juan, uno de esos sitios. Se llegaba a eso de las diez de la noche y había que esperar varias horas para tomar otro tren que venía de Madrid y los dejaría en Baeza; ya de allí a su destino, en autobús.
   Como primera providencia, se equivocaron de tren. Había en la estación uno muy largo. El padre preguntó cuál iba para Madrid y le dijeron: ése. Creyeron que era todo y se instalaron en el vagón que más les gustó. Cuál no sería su sorpresa cuando vieron que la mitad del tren partía dejándolos a ellos en la otra mitad. Vuelta a preguntar y: el de Madrid es el que acaba de salir. Volando, maletas al suelo, fuera del tren, fuera de la estación, un taxi ¡rápido! a la estación de Alcantarilla. ¡Hay que llegar antes que el tren! ¡Qué viaje! Pero entraron en la estación al mismo tiempo que el tren con el ídem justo de pagar al taxista dándole las gracias mientras recogían el equipaje y ¡por fin en su tren!
   A eso de las seis de la mañana llegaron a Baeza. Se sentaron en un bar frente a la estación para tomar algo. ¡Qué diferencia de aquella Baeza a la que visitó muchos años después! ¡Cuánta porquería por todos lados, cuántas moscas! ¿Serían las antepasadas de éstas las que inspiraron a Machado? Pero la ilusión de la aventura que acababa de empezar no le quitaba la alegría. Por fin llegó el autobús que la llevaría a su destino. Tal vez habría que entrecomillar la palabra “destino”.
   Pronto empezaron a aparecer las pinadas, los montes, las caídas de agua por las laderas. Incluso su padre se entusiasmó con las vistas. Aquello prometía. Llegaron al pueblo a media mañana. Unos críos como de diez o doce años se acercaron y le preguntaron si era la señorita que esperaban, los acompañaron al hotel donde le habían reservado habitaciones.
   ¡El hotel! El baño estaba fuera de las habitaciones, era comunitario y como complemento tenía un agujero en el techo justo sobre la ducha. No se duchó-. Apenas se encontró con el director le dijo: aquí no me quedo. Y él: ya lo sabía, por eso te he buscado alojamiento con una señora que es la viuda de un profesor del Laboral, donde vas a estar estupendamente. Parecía que los hados estaban de su parte. Bueno, en aquel entonces ella pensaba que era Dios que, por fin, se acordaba de ella.
   Hechas esa tarde las presentaciones a los otros profesores, menos uno que no había llegado, y visitado el colegio, se trasladó a su nuevo hogar.
  Al día siguiente su padre se volvió ya más tranquilo al dejarla en familia. Efectivamente estuvo bien. Siempre recordará a aquella pequeña familia, donde había dos niños (niño y niña) de nueve y once años encantadores, a la que tomó un gran cariño.
  Luego encontró amigos, familia, paz y el amor. Vivió dos años felices, aunque al final del primero algo vino a enturbiar su felicidad. A finales de curso su padre le escribió con la noticia de que ya tenía trabajo en su ciudad, al lado de casa y ella, llevada por la inercia de tantos años de obedecer y callar, no supo negarse. Lloró con toda su alma, pero por aquello de que no hay mal que por bien no venga, el objeto de su amor y desvelos que aún no había desvelado sus auténticas intenciones, al ver que se le escapaba confesó. Entonces ella recobró fuerzas y dijo: me quedo.
  Se quedó, pero se iría al curso siguiente por razones que no vienen al caso. Volvió a casa, preparó oposiciones, consiguió trabajo para el curso siguiente en un Instituto que acababa de nacer. Tras dos cursos casi de pesadilla en los que, al menos, consiguió vivir fuera de casa de sus padres durante la semana, y a pesar de los intentos de su madre por desbaratarle el noviazgo, por fin están juntos de nuevo. Se han casado
   Por eso ella, por si no había quedado claro que ahora iba en serio, que sólo volvería de visita, estaba recogiendo hasta los últimos retazos de su vida en aquella casa. No pensaba dejar piedrecitas señalando el camino para volver o para que creyeran que volvería, como vulgarmente se dice, con el rabo entre las … No volvería pasara lo que pasara, más que de visita.


Este relato forma parte de otro más extenso escrito hace años

¿Algún comentario?


jueves, 2 de febrero de 2017

EL VALOR DEL SILENCIO


  “LOS SILENCIOS DICEN A VECES MÁS QUE LAS PALABRAS”, (Julián personaje de   ITAHISA de Toti Martínez de Lezea)

  Una verdad incuestionable. El silencio guarda estrecha relación con la verdad y la mentira; con el amor y el odio; con la soledad y la tristeza; pero también con la compañía porque en compañía el silencio es escuchar pues, como decía (¿Goethe?) si “Hablar es una necesidad, escuchar es un arte”.

   Mucho se puede decir sobre el silencio, pero me temo que después de leer este artículo que se me ha ocurrido, más de uno piense: podrías haber guardado silencio. Lo asumo y respeto su opinión, pero me acojo a la, tan cacareada hoy, libertad de expresión.

   Me llega esta cita que me parece interesante:” antes de hablar pregúntate si lo que vas a decir es verdad, si no daña a nadie, si es útil. Y, en fin, si vale la pena perturbar el silencio con lo que quieres decir”. Según esta idea, tal vez no deberíamos hablar nunca y dejar el mundo en un eterno silencio. Ni tanto, ni tan calvo” dice la voz popular. Por supuesto, pensar antes de hablar. Obviamente, no mentir. Pero ¿conseguir que no dañe a nadie? Esto ya es casi imposible y, en todo caso, dependerá de la habilidad con que se diga y de la susceptibilidad, incluso inteligencia y madurez de quien escucha.

    Hoy, sin ir más lejos, no se puede decir lo que se piensa en cuestiones políticas ante nadie. Incluso en el mundo de las redes sociales. Hay muchas personas que dicen en ellas todo lo que se les ocurre pero si un seguidor o lector tiene la” feliz idea” de incluir un comentario, en principio tan inocuo, como “sin comentarios”, puede organizar un gran revuelo. Lees una definición de poesía con la que no estás de acuerdo y se te ocurre comentar: “la poesía es mucho más que eso”. Otro revuelo. Por tanto, mejor guardar silencio o, como mucho, pinchar el icono de me gusta. Tengo la impresión de que es lo único permitido.
  En lo que a comunicación se refiere, el silencio es un arma de doble filo. Se suele oír que “quien calla otorga”. También que quien calla es porque no tiene nada que decir. Ambas afirmaciones podrían ser ciertas en algún caso pero no se debería generalizar. Es posible que se calle por prudencia, por no herir susceptibilidades cuando no se está de acuerdo con algo pero se tiene la nítida sensación de que no va a gustar lo que digas. Vuelvo al ejemplo de las redes sociales. Si no introduzco un comentario, ni pincho el “me gusta” ¿Qué significa? ¿Qué otorgo, es decir estoy de acuerdo y para qué insistir? ¿Qué no me gusta lo leído y prefiero callar para no molestar ni dar lugar a discusiones innecesarias? ¿Qué desprecio a los que se han molestado en expresar una idea o compartir un envío? ¿Qué soy rematadamente tonta y como no me entero de lo que leo no comento?
  En una ocasión, en una reunión de amigos oí como a una persona que andaba calladita alguien le preguntó por qué no hablaba; contestó: porque prefiero escuchar, se aprende más. La persona que la había interpelado le endosó: esa es una postura egoísta. Como dijo Rosalía de Castro “Este barro mortal que envuelve el espíritu, / ¡quién lo entenderá, Señor!”

   Mucho se ha hablado del buen callar. “Al buen callar llaman Sancho…” (Frase de larga historia que no ha lugar explicar aquí). “No hables a menos que puedas mejorar el silencio” (¿Jorge Luis Borges?). ¿Recordáis el consejo que le dio papá Conejo a Tambor antes de salir de casa?: Cuando al hablar no has de agradar, mucho mejor será callar.  
   Por el contrario también encontramos frases muy elocuentes sobre el hecho de no callar, de hablar: “La palabra, cuando es clara y sincera, nos acerca a los demás “. ¡Cuán agradable es pasar una tarde o unas horas hablando de manera sincera, amistosa y clara con algún/a amigo/a, hijo/a o con la pareja. Podríamos aquí aplicar la frase de ¿Unamuno? “El silencio es como el viento: atiza los grandes malentendidos y no extingue más que los pequeños.” Porque, efectivamente, callar, a veces, conduce a malos entendidos que solo se pueden aclarar hablado.

  “Hay amores que matan” reza un refrán castellano y también podríamos decir: hay silencios que matan. Son esos silencios que suceden cuando esperamos una respuesta positiva, un elogio, un reconocimiento o una noticia y obtenemos como se suele decir “la callada por respuesta”. Entonces puede ocurrir que, como dijo no sé quién, “A veces, el silencio es la peor mentira “.

  Muy interesante es la relación silencio-amor. En este sentido la poesía ha dicho casi todo lo que se podría decir. A través de ella vemos como en la relación amorosa el silencio es sustituido ventajosamente por la mirada. Una mirada dirá, a veces, mucho más que mil palabras. “Obras son amores/ que no buenas razones” , reza el dicho popular. O bien, el silencio viene impuesto por un amor que por un motivo u otro debe mantenerse oculto. “¡Silencio sin confín, lirio maduro!” (“Sonetos del amor oscuro” de García Lorca)   También es posible encontrar en la presencia o deseo del silencio una actitud de dominio,  “Me gustas cuando callas porque estás como ausente “. 
¡Oh, los grandes, graves, silencios del amor,
¡Oh, amar tanto que sólo el silencio pueda comunicar la dicha que sentimos.

  Pasemos a otro aspecto. El silencio (o los silencios) es necesario, no ya para callar algo que no se debe decir sino en la locución o en la lectura. Cuando hablamos, necesariamente hemos de ir introduciendo silencios más o menos breves o extensos dependiendo del significado de la frase, de su extensión, de la relación de unas frases con otras. En la lectura estos silencios vienen indicados por los signos de puntuación.
  Otro tanto ocurre en la música. Es decir, que en cierto modo el silencio forma parte del sonido y convive con él.

  Centrémonos ahora en otra acepción del silencio. El silencio como opuesto al sonido, al ruido. Necesitamos el silencio. En estos tiempos tan ajetreados y ruidosos que vivimos ¡qué necesario es un poco de silencio! Con frecuencia oímos en los Medios de Comunicación que los vecinos se quejan del ruido procedente de un bar vecino, de las terrazas de los bares o, incluso, de la música de las fiestas del barrio. Es más, hay quien se queja del que hacen los camiones de recogida de la basura porque suelen pasar bajo nuestras ventanas a horas muy delicadas para el sueño. Todas estas quejas tienen su razón de ser, pero no siempre tienen razón. Es cierto que hay personas que para poder dormir necesitan, o creen necesitar, un silencio absoluto. Otras, sin embargo, son como aquel pirata literario que del trueno al son violento/ y del viento al rebramar/ se dormía sosegado/arrullado por el mar. (Yo podría ser una de esas personas). Las hay que en lugar de dormir la siesta se duermen el telediario.

   El silencio absoluto, tal vez, no sea bueno ni tan necesario. Alguien, no recuerdo bien quién, dijo algo así como que Hay pocas cosas tan ensordecedoras como el silencio” Es cierto. Es muy difícil soportar un silencio absoluto. Ni siquiera para dormir. Y si no pensemos: ¿No es cierto que a los bebés les cantamos, les susurramos cosas al oído mientras los mecemos en nuestro regazo o en su cuna? Para darme la razón ahí están las nanas y canciones de cuna. Los músicos, los poetas y, tal vez, la voz popular, en todos los tiempos (eso sí, pasados) compusieron muchas y muy bellas. Aunque también algunas, no sé por qué razón, tenían unas letras un tanto truculentas. Recuerdo una aprendida de mi madre que, sin duda, debió aprenderla de alguna de aquellas entrañables tatas del pueblo que decía así: (No me resisto a transcribirla)
El tren que corría
 por la ancha vía,
de pronto vino a chocar
con un aeroplano
que estaba en el llano
volando sin descansar.
Quedó el maquinista,
con la tripa fuera
mirando hacia el aviador
que ya sin cabeza
buscaba el sombrero
para librarse del sol.
 Todo esto ocurría,
sin saber cómo ni cuándo
 y la máquina seguía
pita, pita, caminando.
 ¿Habrá mayor disparate? Pero está claro que el bebé, que no entendía la letra, se dormía, no por las palabras sino por la música, por el ritmo. Si nos detenemos a analizar el ritmo del texto comprobaremos que reproduce el movimiento de vaivén con que acunamos al niño.

  Para ciertas actividades es necesario el silencio. Por ejemplo, para estudiar, leer, escribir o, sencillamente, pensar.
  No obstante, hay personas que estudian con música. Entiendo que una suave música de fondo puede ayudar; pero nunca una canción o una de estas músicas estridentes, que más parecen ruido, que tanto se oyen hoy. Pero ya se sabe, hay gustos para todo. Además, cada persona es un mundo y en esto de necesitar más o menos del silencio, como en casi siempre, no se puede generalizar.
  Personalmente me cuento entre esas personas que necesitan silencio para leer, estudiar, concentrarse. Cualquier palabra me puede romper el hilo de una idea y es posible que no lo recupere jamás. Me ha ocurrido.  Sin embargo, cosa curiosa, escribo junto a una ventana que da a un pequeño parque infantil y el sonido de los niños que juegan, se columpian, gritan…no me molesta. Incluso, a veces, giro la cabeza hacia la derecha cuando los oigo para verlos, y luego sigo escribiendo sin problemas.
  A veces, paradójicamente, es necesario que se produzca un silencio para que podamos oír o escuchar algo. Por ejemplo, en una clase debe reinar, al menos durante algunos minutos, el silencio para que los alumnos oigan la explicación del profesor o de otro compañero; incluso que el profesor pueda escuchar debidamente las exposiciones de los alumnos. En el cine, debe reinar el silencio pues de otra manera no nos enteraremos de nada. Algo similar ocurre en un concierto o en el teatro. O cuando en familia se está viendo la televisión y alguien habla se le manda callar; sobre todo si se observa que van a decir algo más importante de lo habitual.

  El silencio es necesario para pensar aunque, evidentemente, podríamos hacerlo entre el mayor de los barullos. Pero imaginemos qué ocurriría si un científico tuviera que investigar, formular hipótesis y tesis en medio de un alboroto. No lo veo muy factible. O simplemente el ama de casa que está preparando la comida y recordando los ingredientes.  Está pensando, concentrada. Le hablan y se le puede olvidar agregar la sal o pierde la cuenta de los cacillos de agua que debe echar a la paellera.
  Al llegar a este punto del tema he recordado una canción que se escuchaba mucho en mis años jóvenes, en aquellos programas radiofónicos de discos dedicados. Era una milonga de Atahualpa Yupanqui “Los ejes de mi carreta” que en parte de la canción decía:
No necesito silencio.
Yo no tengo en qué pensar.
Tenía, pero hace tiempo,
ahora ya no pienso más.  

   Estas palabras nos llevan a reflexionar sobre otro aspecto del tema que estamos tratando. ¿Qué ocurre si nos encerramos demasiado en nosotros mismos, en un silencio obstinado? ¿Es recomendable lo que algunos llaman el silencio interior y que dicen sirve para conocerse mejor? No sé. A veces si nos obcecamos en guardar silencio, en pensar demasiado pueden aparecer ciertos fantasmas nada recomendables. Y en cuanto a lo de autoconocerse, tengo mis dudas; lo que no significa que no respete la aceptación de otras muchas personas pues, a juzgar por la cantidad de páginas que he encontrado en Internet sobre este asunto, pienso que debe estar de moda. En una de las páginas que he rastreado en busca de información sobre el tema, he encontrado la siguiente frase: Hablar es una válvula de escape, un sistema de seguridad necesario para no entrar en los límites de la locura cuando la presión externa es excesiva. Más me avengo a esta idea. Está comprobado que cuando una persona se guarda todos los problemas, o las manías, puede acabar cayendo en una depresión, o puede somatizar sus problemas a través de aparentes enfermedades. Aparecen, como decía antes, los fantasmas, los recuerdos negativos, los presagios tristes, incluso, dramáticos; la autocompasión que le conducirá a la tristeza. O sea, nada bueno.
  Peor, aun cuando el silencio es impuesto por personas del entorno, por la sociedad, la educación, el ambiente, etc. Hablar es una válvula de escape…”
. Los seres humanos necesitamos hablar, comunicarnos. Decía Carmen Martín Gaite algo así como que a veces se escribe porque no se tiene con quien hablar. No es necesario tomar al pie de la letra ese no tener con quien hablar. Lo que ocurre, a veces, es que no tenemos con quien intercambiar ideas que nos bullen en la cabeza, la impresión que nos ha causado la lectura de una novela , lo que pensamos a cerca de los acontecimientos que ocurren cada día…Muchas veces van las personas a una reunión con la idea de plantear un tema ( o varios) que le parece interesante o le preocupa pero resulta que casi siempre hay alguien que toma la voz cantante y convierte la reunión en una especie de autobiografía o monólogo, o impone un tema del que no hay manera de salir. Es el problema que tenemos los humanos que como dijo alguien (¿Ernst Hemingway?)     Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar. Yo diría a escuchar. Al arte de escuchar.

   Y para terminar no querría dejar de citar la importancia del silencio, en y, de la naturaleza. Ese del que tantos hermosos versos compusieron nuestros poetas: Garcilaso de la Vega, Fray Luis de León, San Juan de la Cruz…
Remito a Notas.
   Espero haber sido capaz de seguir el consejo que recogía más arriba de hablar para decir la verdad, no dañar a nadie, ser útil. Y, si ha valido la pena perturbar vuestro silencio con lo que he dicho. O si por el contrario me he ganado que alguien repita aquel famoso ¿¡Por qué no te callas!?

Notas. -
  A veces pongo entre signos de interrogación el nombre del autor de una cita. La razón no es otra que haber comprobado que no todo lo que aparece en Internet o nos llega a través de Facebook o wasap es correcto, incluso cierto.
   Textos consultados de los que se ha extraído alguna cita y que se pueden leer como complemento del artículo:
 “Cántico espiritual” ( S. Juan de la Cruz )
…la música callada,
   la soledad sonora,
 Elegía del silencio (Federico García Lorca) Obras completas. Aguilar.
Silencio, ¿dónde llevas
tu cristal empañado
de risas, de palabras
y sollozos del árbol?..
Sonetos del amor oscuro. (G. Lorca) (Internet)
¡Ay noche inmensa de perfil seguro,
 montaña celestial de angustia erguida!
 ¡Ay perro en corazón, voz perseguida!
 ¡Silencio sin confín, lirio maduro!) …

El silencio del mar
brama un juicio infinito……

Égloga III estrofa 10) (Garcilaso)  en poesías castellanas completas. Ed.  Clásicos. Castalia
“En el silencio solo se escuchaba
el susurro de abejas que sonaba” …

 “Vida retirada “(Fray Luis), poesías. Círculo de lectores
“Un no rompido sueño,
Un día puro, alegre, libre quiero” …
………………….
 “Despiértenme las aves
con su cantar sabroso no aprendido.
…………………………
“El aire el huerto orea
y ofrece mil olores al sentido;
los árboles menea
con un manso rüido
que del oro y del cetro pone olvido…”

El silencio.  Mario Benedetti (Internet)
Qué espléndida laguna es el silencio
allá en la orilla una campana espera
pero nadie se anima a hundir un remo
en el espejo de las aguas quietas
……………………….
Fue tu silencio el que me dio todas las respuestas.
………………………
Tu silencio encierra lo que no quiero escuchar, lo que me niego a oírte pronunciar
-
  15 de P. Neruda -
Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca…

Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo

Silencio de Carlos Gardel
……..
Meciendo una cuna
una madre canta
un canto querido
que llega hasta el alma
porque en esa cuna
está su esperanza
………………….
Silencio en la noche
Silencio en las almas
 Vuestros comentarios serán bien venidos. Vuestro silencio será muy elocuente.